¿Hacia dónde vamos?

El Hyundai granate, que unas horas antes habían alquilado en el aeropuerto, empezó a sonar de forma extraña. Bromearon diciendo que era un coche para viejos y ahora parecía que les iba a dejar tirados en esa carretera que dividía el desierto en dos. Cada vez que Lucas aceleraba, el motor emitía un sonido parecido … Sigue leyendo ¿Hacia dónde vamos?

Agosto, en Barcelona

Se apropian de las calles las niñas rebeldes que se niegan a veranear con sus padres. Cuando no pasean regalando miradas, esperan, en sus casas vacías, al novio, que nunca se parece a mí cuando tenía su edad.

Un reto es un reto

Aún recuerdo el día que llegó por primera vez a la escuela y cómo algunos chicos se rieron de su acento. Por aquel entonces lo de la inmigración no era tan habitual como ahora, y que viniese un peruano a nuestro colegio de la zona alta de Barcelona era algo digno de contar el domingo, durante la comida familiar. Las burlas se acabaron cuando el nuevo lanzó su primer “reto”.

Los peligros de un Leonard Cohen feo

Un día me dí cuenta de que me seguía un tipo y me metí en una casa de quinielas. Bueno, la verdad es que no me seguían a mí, fue a un amigo, pero éste me lo contó. Prefiero explicarlo tal y como fue. Yo ya tengo bastante con lo mío, porque la verdad es que no es muy creíble la historia, y uno ya tiene el San Benito de inventarse cosas.

El hechizo gitano

Nunca antes había bailado. Los que me conocéis podéis dar fe de ello. Incluso alguno puede salir con que le robe a su chica mientras él bailaba. Eso ya no lo puedo negar. Sé que suena extraño que un tío que no baila aparezca dos días después con la misma ropa diciendo que vuelve de bailar, pero debéis creerme.

Sit down

es habían advertido que Nueva York era una ciudad muy peligrosa. Que debían ir con cuidado con los negros porque eran implacables con los blancos y también con los veteranos del Vietnam, que arrastraban su locura por la gran manzana fruto de los empachos de violencia y drogas. Que vigilaran con los tipos con gabardina que aguardaban en las esquinas para mostrarles sus encantos y, sobre todo, que estuvieran alerta en el metro con los locos que vivían obsesionados con lanzar a la vía al resto de usuarios.

Susana

Cuando hablaban, Susana parecía emocionarse, se le enrojecían levemente las mejillas y mantenía la mirada fija en los ojos de Carlos, de forma retadora y provocativa, como nunca le habían mirado antes. Entonces llegó a pensar que ella estaba enamorada de él.