Dos pasos por delante

Pegado a un cigarro de marca barata, trata de disimular que se siente pletórico por estar en Manhattan. Con casi 22 años, éste es su primer gran viaje. Pronto para muchos pero tarde para alguien que desde pequeño colecciona imágenes y mapas de sitios con los que sueña en ir algún día. Conoce las calles y se orienta como si fuera un neoyorquino más. Se nota que deseaba realizar este viaje como nadie y se ha preparado para disfrutarlo al máximo. Camina rápido y es difícil de seguir.

Habla mucho, pero es imposible entender lo que dice porque suele andar unos metros por delante. Una vez me explicó la razón de su manera de andar. Es bajito y cree que con esta técnica se ve menos la diferencia entre su altura y la de la persona que le acompaña.  Antes de la revelación, ya se había ganado el mote de “X dos pasos”. Su técnica, si alguna vez había funcionado, no tiene nada que hacer frente a los rascacielos de Nueva York.

 Hace mucho frío pero él viste una fina cazadora de piel y unos viejos Levi’s. Solamente lleva bien abrigada la cabeza que se mantiene caliente bajo su espesa mata de pelo estilo años 60. No se queja del frío, a pesar de que estamos en pleno diciembre y los termómetros marcan menos de cero grados. Mientras, la gente de Nueva York pasa junto a nosotros agarrándose las solapas de sus abrigos y con un café en la mano. 

Iniciamos el viaje solos pero en seguida se nos unen cuatro chicos de Argentina. Con él es imposible no conocer gente. Tiene el doble poder de los imanes. Atrae con  enorme facilidad a muchos desconocidos pero a su vez tiene una gran capacidad para repeler a tantos otros. Se esfuerza en conocer americanos pero no cambia su manera de hablar. Lo hace rápido y en castellano, convencido de que le entenderán.

 Nos creemos invencibles. Paseamos de día y de noche por los lugares que hemos visto ya en muchas películas. Esta vez los protagonistas somos nosotros, aunque en primer plano, gracias a su técnica, siempre figure X. La iniciativa la lleva él. Es lo más parecido a un torbellino. Constantemente se le ocurren planes y sitios a donde ir. Uno puede controlarle unas horas, pero al final se agota y se deja llevar. Desde una discoteca donde los únicos blancos somos nosotros y el disc-jockey hasta un refugio donde recogen a los animales abandonos en Nueva York. Si le sigues, dos pasos por detrás, nunca sabes dónde puedes acabar.

Se esfuerza en convencer de que tiene todo planeado, cuando es evidente que todo en él es improvisación. Al día siguiente, se levanta a las ocho de la mañana fresco como si hubiese dormido 12 horas y me arrastra de nuevo a deambular por las calles de Nueva York. Parece inagotable. Las avenidas que para mí son inacabables, a X le parecen cortas. En el fondo estoy encantado de haber ido con él, porque de otra forma no habría vivido ni la mitad de lo que estaba viviendo.

Gorka Ellakuría

 

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4 comentarios en “Dos pasos por delante

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