Perros de anuncio

>Gorka Ellakuría

Salga a la calle. No se quede en casa. Esta Barcelona nuestra y sus modernos ciudadanos no dejarán de sorprenderle. Recuerde que es uno de ellos. Si se decide a pasear por la infinita Diagonal o se pierde por el laberíntico “Eixample” podrá descubrir uno de los hábitos, que al igual que otros (cuelgue de banderas culés o  grupos de turistas en bicicleta que cortan las calles) nos hacen especiales, únicos, postmodernos.

Desde hace un tiempo los atentos dueños de los perros barceloneses salen a la calle con unas galletitas en el bolsillo. Esas galletas, que seguramente serán Royal Canin (para nuestros animales lo mejor), sirven para educar, pero también para premiar al mejor amigo del hombre. Cuando el perro se detiene en el semáforo y no arranca hasta que está en verde; galletita para él. Cuando se abstiene de aparearse con una atractiva pastor alemana que pasa junto a nosotros; otra galletita. Y así, hasta volver a casa después de un merecido paseo (el tercero del día).

Si como yo, no tiene terraza y por eso ha renunciado al inmenso placer y amor que le proporcionaría un perro,  puede disfrutar igual, paseando y viendo a los perros de nuestros vecinos, limpios, fuertes y felices. Hay quien dice que todos los perros anuncio son de aquí.

Eso sí, si hace tiempo que no sale a la calle (el invierno es frío y húmedo, y se está mejor en casa acompañado del amigo Gas Natural) no se asuste. También verá cosas que no nos representan para nada. Verá a jóvenes de otros países en edad universitaria remenando las basuras. Usted como si nada. Pase por su lado procurando no mirar demasiado. Ellos van a lo suyo, y se contentan con encontrar algo de comida en las basuras que nosotros dejamos. También verá ancianos que miran disimuladamente en las papeleras. No sienta lástima. Si no tuvieron visión de futuro y no contrataron un buen plan de jubilación como Dios manda no es culpa de usted. Ah!, le aviso, han vuelto a proliferar los vendedores de pañuelos. En cada semáforo hay uno. Por suerte, a nuestros perros, con ayuda de las galletitas, les han enseñado a no hacerles caso. Le recomiendo que haga lo mismo, y si da un paseo, no se fije en esas cosas que afean nuestra querida Barcelona.

Foto de JuanYanes (jyanes.wordpress.com)

La culpa no es nuestra

>Gorka Ellakuría

Vivimos tiempos de gran incertidumbre. Meses de viernes negros y de ilusiones rotas, de parques llenos y fábricas vacías. Cuando todo parecía hundirse a velocidad récord, estalló la bomba Bankia. Un desaguisado monumental en el tercer banco del país. Que lo de Bankia viene de muy atrás lo sabe hasta el más tonto. Otra cosa es que los que lo sabían se empeñaran en taparlo y los que lo podían saber miraran para otro lado.

Ante la que se nos viene encima, los “indignados” volvieron a protestar en todo el país celebrando el aniversario de un movimiento que cautivó a toda Europa. Algunas voces se apresuraron a constatar que el número de manifestantes había descendido, y que era un movimiento a la baja. Puede que sea cierto, pero si es así, en parte es por la culpabilidad que nos han hecho sentir desde que empezó todo este calvario. Mensajes y frases cínicas y mezquinas como las del secretario de Estado de Administraciones Públicas, Antonio Beteta, en las que afirmaba que nada será como antes y que los funcionarios “se olviden del cafelito y de leer el periódico”. Pero sin lugar a dudas, el mensaje más hiriente ha sido aquel del:“Vivimos por encima de nuestras posibilidades”. Una mentira que ha calado hondo en la mayoría de la población, que ha bajado la cabeza asumiéndola como cierta.

Hagamos un ejercicio de reflexión. ¿Cómo va a ser culpa nuestra vivir en un constante empacho consumista cuando durante años se nos incitó a ello?¿Cómo se puede argumentar que es malo para un sistema capitalista que sus ciudadanos tengan una actitud altamente consumista? Somos pobres pero no idiotas. Ni la economía se ha hundido porque la gente comprara demasiados coches ni la religión está de bajón porque sus fieles abusen del rezo.

Para colmo, sale el President de la Comunitat de Valencia, Alberto Fabrá, y dice que “todos” vivimos por encima de nuestras posibilidades. Espero que en el “todos”, no meta a  maestros, arquitectos, paletas y demás, en el mismos saco de los consejeros de la CAM y de Camps y cia. Porque precisamente fue en Valencia donde empezó a oler a chamusquina. Un olor que aún se puede sentir en el Palacio de la Generalitat Valenciana. Lo de Fabra es una prueba más de que el cinismo, por desgracia, sigue estando muy de moda.

Muere el escritor Carlos Fuentes

El escritor mexicano de 83 años murió ayer después de permanecer varios días en el hospital. Muy vinculado a España, en 1994 obtuvo el Premio Principe de Asturias y hasta su muerte, escribía habitualmente en el diario El País. Fue autor de una brillante y extensa obra literaria entre la que destaca: La muerte de Artemio Cruz, Aura y Agua Quemada:

“Todas las mañanas el abuelo mezcla con fuerza su taza de café instantáneo. Empuña la cuchara como en otros tiempos la difunta abuelita doña Cotilde el molinete o como él mismo, el general Vicente Vergara, empuñó la cabeza de la silla de montar que cuelga de una pared de su recámara. Luego destapa la botella de tequila y la empina hasta llenar la mitad de la taza. Se abstiene de mezclar el tequila y el Nescafé…” (Fragmento Agua Quemada)

Carlos Fuentes

Un disco de éxito, un futuro de olvido(I)

>Gorka Ellakuría

Dicen que la segunda obra de cualquier artista es la más difícil. Después de la sorpresa y el éxito de un debut triunfal, la exigencia y las expectativas se multiplican. Ante la presión de sentirse artista, de tener que contentar a público y crítica, muchos creadores pierden frescura y acaban por convertirse en una copia mala de lo que algún día fueron. Aún se hace más difícil, si a eso le sumamos el hecho de que el principal hobby de los críticos, ya sean musicales, literarios o de cine, es ensalzar la obra de jóvenes creadores para posteriormente, en su segundo intento, disparar a los puntos débiles hasta derribar aquello que ellos algún día ayudaron a levantar.

Existen una gran cantidad de grupos de música que tras su primer álbum no han vuelto a obtener la aprobación de la crítica. Y ya sabemos la influencia que ésta tiene. Te pusimos un ocho en tu debut pero en los siguientes no pasas del cuatro, así que olvidaros chavales de que alguien se moleste en descargarse vuestro disco. Disparo en la sien, y que pase el siguiente. Muchos grupos no solo mueren igual que vacas de carne, sino que crecen de la misma forma. Se engordan durante nueve  meses y cuando ya no pueden dar más de sí, se acaba con ellos y se apuesta por otro.  Sólo resisten los sementales, pero en los tiempos que corren, pocos tienen el lujo de tener ese status.

THE POSTAL SERVICE

La banda californiana publicó su primer álbum, “Give up”, en el año 2003. Con su disco de debut la crítica musical se deshizo en elogios y al poco tiempo su primer singleSuch great Heigts” ya sonaba en anuncios y se escuchaba en radios de música comercial. Lo cierto es que los miembros de la banda no pueden estar más lejos del mainstream. Los cuatro integrantes tienen sus propios grupos y entre ellos destacaba Ben Gibbard, miembro de la banda Death Cub For Cutie. Para quien no los conozca, Death Cub For Cutie es una de aquellos grupos que junto a Weezer o Get Up Kids, se convirtieron en los referentes del indie universitario. Tipos raritos y enclenques, con una gran capacidad para conectar con los estudiantes de Harvard o  Columbia , antes de la “boom” del nuevo rap de Kanye West y compañía.

“Give up”  fue otro buen disco de música electrónica pop, heredero del New Order más calmado. Ni más ni menos. Mejor que muchos, pero sin el brillo para ser recordado o entrar en la historia de la música. Aún y así, fue un gran debut que quedó sólo en eso.

En 2005, The Postal Service publicó “We Will Become Silhouettes”, un sencillo de cuatro canciones que fue cruelmente vapuleado por la crítica.Tres años después, el grupo anunció un parón indefinido.

Tras cinco años de silencio, ni se sabe nada ni se les espera. En todo este tiempo han aparecido miles de grupos y miles de singles, que en la mayoría de los casos se olvidan tan rápido como aparecen. Pero lo cierto es que el lodo del ahora ha sepultado a The Postal Service, que ya pertenecen al ayer.

El amigo Sarkozy

>Gorka Ellakuría

España y Francia son dos países condenados a entenderse. No solo por proximidad y por historia, sino también por aquello de ser “países latinos”  y que uno no entiende en qué consiste hasta que viaja por el norte de Europa.

La estrecha vinculación entre nosotros y los francos se ha hecho aún más evidente a raíz de las elecciones francesas. En España se ha retransmitido en directo el debate entre los candidatos al Elíseo. Los españoles que lo siguieron se debieron sorprender por las constantes referencias que Hollande y Sarkozy hicieron a nuestro país. Fueron comentarios negativos, si, ¿pero cuándo la todo poderosa Francia se había comparado con nuestro país? Desde el momento en que se comparan con nosotros, aunque sea para destacar una mala gestión del Gobierno Zapatero,  equiparan nuestro país al suyo.

Los ataques a España ahora provienen de Sarkozy. El francés, que durante su presidencia se mostró como el amigo de Zapatero y el aliado de España, ha variado su discurso desde que se iniciaron las presidenciales de 2012. Un discurso que seguramente atraiga a parte de la extrema derecha de Le Pen y que persigue crear un miedo hacia una posible victoria socialista. Seguramente esta animadversión espontánea de Nicolás Sarkozy hacia España, no sea más que una estrategia electoral diseñada por sus asesores de campaña.

Más allá de una valoración política de la era Sarkozy, es indudable que ha sido el presidente francés  más bondadoso con España de los últimos treinta años. No sólo ha dejado de lado esa condescendencia con la que sus predecesores nos trataban, sino que realmente ha actuado como un aliado de nuestro país.

Nicolás Sarkozy ha sido el primer jefe del Elíseo que ha luchado firmemente contra ETA. Francia ha sido, durante años, el refugio donde podían esconderse los terroristas. Sarkozy acabó con ello, y casualidad o no, se anunció el “fin” de la ETA armada. El propio presidente francés fue quién cedió un asiento a Zapatero en la cumbre del G-12 sobre la crisis financiera que se celebró en Washington en 2008 y fue él quien, hasta hace poco, se mostró convencido de que España no corría peligro de ser intervenida. Que el caso de Grecia y Portugal era distinto.

Las elecciones apuntan a una victoria de Hollande. Pero, más allá de la tendencia política de cada uno, no deberíamos olvidar que Sarkozy nos permitió comer en la mesa, con los adultos. Mientras los anteriores presidentes  franceses prefirieron que comiéramos en la cocina, con el servicio.


Aquellos polis de los 80

El gran mérito de Alberto Rodríguez, guionista y director de Grupo7es que ha logrado crear un thriller policiaco sin huir de la estética del cine español. La película del director sevillano retrata la realidad de la ciudad hispalense en el período anterior a la celebración de la Expo del 1992. Una ciudad que parece muy lejana a la actual. Pobre, llena de polvo, en la que los camellos y drogadictos campan a sus anchas y los policías se desplazaban en coches destartalados.

El film se centra en las operaciones de un grupo de policías, que a lo largo de 5 años combaten el narcotráfico con la finalidad de mejorar la imagen de la ciudad de cara a la exposición internacional. Entre ellos destaca el actor malagueño Antonio de la Torre, que interpreta a un duro policía con un triste pasado a sus espaldas. Es curioso, pero de la Torre ha trabajado en las mejores películas españolas de los últimos años: Volver, Balada triste de trompeta, Te doy mis ojos… Su antagonista en el film, el novato policía Mario Casas, se muestra creíble. Sorprenden las dotes interpretativas de un actor, que por sus anteriores trabajos, parecía de un nivel muy inferior.

La película recrea fielmente la Sevilla de los 80. Las míticas churrerías remolque (que tanto proliferaron en esa época), los bares destartalados y la moda del momento teletransporta al espectador a la España de hace más de 30 años. Las abundantes escenas de acción están muy bien rodadas. La utilización de la técnica de cámara al hombro es todo un acierto, como también lo es prescindir de grandes excentricidades, decantándose por una acción realista.

La guinda del pastel, que hace de Grupo 7 una película policiaca con mayúsculas, es su veraz y trepidante argumento. La evolución del personaje de Mario Casas, y la del duro policía Antonio de la Torre, muestran fielmente la complejidad de la naturaleza humana. El guionista y también director Antonio Rodríguez, configura unos personajes redondos, llenos de matices, difíciles de catalogar para el espectador. Éste es el gran logro del joven director sevillano. De paso, le brinda una oportunidad a Casas para dejar de ser un personaje de “superpop” y convertirse en uno más de la joven hornada de actores españoles.

Viendo Grupo 7 es inevitable que el espectador recuerde o descubra, como era la España de no hace tanto tiempo. Lo que hemos dejado atrás y contra aquello que deberíamos luchar para que no vuelva de nuevo. Porque esa Sevilla tan bien retratada, es también, en parte, la realidad de toda una España que deseaba olvidar su triste pasado, para convertirse en algo distinto.

>Gorka Ellakuría<