Celebrar que se sigue con vida

>Gorka Ellakuría

Un local que ha estado cerrado durante dos meses, aunque sea por un tema de licencias, debe celebrar su reapertura a lo grande. Y más en los tiempos que corren en los que uno teme pasear y descubrir que aquel bar de menú o que aquella librería de la esquina han bajado la persiana para no volver a abrir.

En su reinauguración, el Slow (París, 186) se llenó de amigos y se sirvieron “cocktails”  a cuenta de la casa. La renacida cocktelería podrá abrir hasta las seis de la mañana. Salvo su nuevo horario, todo sigue igual. Su larga barra de madera sigue en pie, dispuesta a soportar el codo y las conversaciones nocturnas de policías de paisano, escritores que renunciaron a escribir,  periodistas taciturnos y  yuppies que dejaron el Saab aparcado para moverse en bicicletas de diseño.  La decoración del local sigue siendo la misma: Papel de pared gris floreado, cortinas de terciopelo granate y una gran estantería iluminada repleta de botellas de whisky y de ginebra.

Por suerte los cocktails de Paco Bretau y de Francesc Galera tampoco han cambiado. Continúan siendo elaborados y generosos con el alcohol. Se agradece que siga siendo una cocktelería y no haya caído en modas pasajeras como la del Gin-tonic más hamburguesa.

En la planta de arriba, el Slow tiene una amplia sala de baile iluminada por unos paneles  de luces Lead al más puro estilo Daft Punk. Su pista de baile y su equipo de disc-jockey ya lo querrían para sí muchas discotecas de la ciudad. La novedad es que entre semana se podrán ver actuaciones en directo de todo tipo de música, desde Jazz hasta Rock alternativo. La banda de rock Malditos Roedores fueron los primeros en sonar en directo. Después, el disc-jockey se encargó de pinchar clásicos del rock de los 60 y 70 hasta las seis de la mañana. Fue entonces cuando se acabó la fiesta.

Ahora al Slow le toca recuperar el tiempo perdido y hacerse de nuevo con un hueco entre las decenas de cocktelerías de la ciudad.  Lo que es indudable, es que esta Barcelona postolímpica, preocupada en contentar a los turistas madrugadores y que parece dormitar de noche, cuenta de nuevo, con otro sitio para aquellos que se niegan a pensar que sólo se vive de día

Barra de la cocktelería Slow, c/ París 186, Barcelona

Gallardón ya no quiere ser progre

>Gorka Ellakuria

Aprovechando que estamos con el pie cambiado, en shock aún por los sucesivos recortes y con la angustia de encontrar trabajo, de no perderlo o de llegar a fin de mes, Gallardón va y anuncia una propuesta de revisión de la ley del aborto.

Como decía aquel anuncio maléfico de natillas, repetimos. Qué si no se podrá abortar cuando el feto tenga alguna lesión, como ahora. Qué se podrá abortar en el hipotético caso de que a la madre le pudiera  ocasionar un problema psíquico. Y así, volvemos al terreno de las decisiones arbitrarias. Donde los médicos tienen la condición de Dios, y en los que la Ley pasa a ser tan libremente interpretable como la Biblia.

Se trata de un movimiento de estratega, que seguramente no está dentro de sus máximas preocupaciones, pero que sin duda es un guiño a las bases más reaccionarias del Partido Popular. Esas a las que debes contentar de vez en cuando para poder escalar dentro del partido, y de paso intentar librarte del San Benito de ser considerado “el progre” del PP.

Las medidas que ha tomado Rajoy, en estos poco más de seis meses de mandato, no han gustado tampoco a muchos de los votantes populares y ya se empiezan a oír voces de un prematuro final de Mariano como presidente. Reactivar un debate caduco como el del aborto puede actuar como calmante del cabreo de algunos de los votantes del PP , que confiaron en el gallego y que le votaron creyendo aquello de que no iba a subir el IVA y de que sus medidas no afectarían a los “que menos tienen”. Pero además sitúa a Gallardón en la terna de posibles candidatos populares, ahora que al parecer se ha cansado de ser el “progre” de Génova.

Vuelven “Els Polseres”

  • Desde hace una semana se está grabando la segunda temporada de la serie catalana “Polseres Vermelles”

    Siguiendo un largo y estrecho camino hasta llegar al punto más alto de Cabrils (Barcelona), llegamos a un hospital abandonado en el que se rueda la segunda temporada de Polseres Vermelles. Lo que antaño fue un centro de una mutua privada, donde algunos afortunados se retiraban para recuperarse entre la naturaleza, es ahora un mole de hormigón amarillento acechada por la vegetación, que tapa ventanas y se cuela por cualquier brecha. Han sido muy largos estos dos años de impasse entre el rodaje de la primera temporada y el de la segunda. Durante este tiempo no sólo han crecido los hierbajos y las humedades, sino que los actores han dejado de ser niños para convertirse en adolescentes y los espectadores somos, irremediablemente, dos años más viejos. La propia serie ha madurado, como si su vida corriera al mismo tiempo que el de sus protagonistas. No es nada nuevo, las películas de la saga Harry Potter , por ejemplo, ya explotaron esta fórmula.

    “Es diferente la consciencia de la enfermedad de un adolescente que la de un niño. Si reflejáramos ahora la enfermedad, tal y como lo hicimos en la primera temporada, cuando aún eran niños, nos quedaría un historia muy frívola” explica el director Pol Freixa.

    Al parecer, la serie será más adulta y más dura. Un cambio de rumbo que no debería ser drástico. En una temporada la serie ha superado con creces el mejor de los sueños que pudieran haber tenido el director o su guionista Albert Espinosa. Después de arrasar en TV3, llegó la prueba de fuego. ¿Funcionaría una serie hecha en catalán, doblada al castellano pero con referencias muy locales (música, nombres de los personajes..) en el prime time de una cadena nacional? En la primera emisión de dos capítulos se despejaron todas las dudas. Logró tres millones de espectadores, una cifra más propia de la época pre-TDT, cuándo los canales se podían contar con los dedos de una mano. “Siempre soñé con estrenar una serie que se pudiera ver en todo España, y con “Polseres Vermelles” al final lo he conseguido”, explica, un tanto emocionado, el guionista de la serie Albert Espinosa. Por si fuera poco, la serie se ha vendido a cadenas de Francia, Italia, Méjico, Corea y al canal ABC de Estados Unidos.

    Una hora antes del rodaje, los pasillos del hospital ya están abarrotados de técnicos de sonido, cámaras, chicos con cables en la mano y maquilladores; mientras, los Roc, “LLeó”, Cristina o Jordi charlan y bromean como amigos de escuela esperando para entrar en clase. Antes de cada temporada, los jóvenes actores de “Polseres Vermelles” pasan una semana en una casa rural a modo de colonias. Es una técnica utilizada por el director para lograr crear lazos de amistad entre ellos que inconscientemente son captados por el espectador y que hacen que las tramas sean más creíbles.

    Momentos, que algún día serán recuerdos de juventud, de los “que marcan”, como dice Espinosa. El director, los guionistas y los actores parecen estar en un permanente campamento de verano. Quizá sea ese el éxito de la serie.

    Gorka Ellakuría

     

     

     

La pasarela 080 premia la mesura

Hay muchas maneras de recibir un premio, y una de ellas es con desconcierto. Así, con la cabeza gacha y con la sorpresa aún en sus caras, fue como el joven dúo de creadores Daniel Martínez y Arturo Lierah recogieron ayer el premio 080 Barcelona Fashion de la edición de verano.

http://ccaa.elpais.com/ccaa/2012/07/13/catalunya/1342167524_495473.html

Camarón es de otra época

>Gorka Ellakuría

Gana España, a lo grande, casi sin esfuerzo. Antes de que acabe la primera parte ya se oyen vecinos celebrar la victoria y una hora después la fiesta se traslada a la calle. Es el tercer título consecutivo en menos de cuatro años de una generación de futbolistas inigualable que han situado el palmarés de la selección en el lugar que por juego, y por jugadores, debería haber ocupado desde mucho antes.

Celebra que celebrarás, recuerdo el largo camino que los que como yo hemos confiando siempre en la selección, ésta que ahora los modernos llaman “la roja” . Madrugones para ver los partidos del mundial de USA a horas que nunca imaginé que existían, sentado bien cerca de la televisión junto a mi hermano, como hacíamos los niños de antes del plasma. Un sentimiento que nació entonces y que vincularía siempre con la derrota y el infortunio. El ritual de iniciación finalizó de forma trágica. Salinas falló lo que ya no fallamos nunca: un mano a mano ante el portero (Pagliuca) y Luis Enrique salió del campo con la nariz destrozada por un codazo de Tassoti, que sentimos tan brutal e increíble como las ostias que se repartían Son Goku y compañía. Aquella Italia, además, tenía un jugador de dibujos animados llamado Baggio (injustamente olvidado por los obsesos en crear listas de mejores jugadores y demás) que deseábamos que fuera de los nuestros y  al que veneramos en silencio, por miedo a que nos consideraran traidores o chaqueteros.

Ese era el inicio de  aquellos años en que soñamos con ser los más buenos y siempre nos íbamos antes de tiempo. Salió cruz tantas veces como lanzamos la moneda. Como esos países del norte de Europa, que en mal momento, decidieron diseñar su euro prescindiendo de un lado que pudiera diferenciarse como la cara.

Salió cruz en la Euro del 96, en los penaltis ante los ingleses del histriónico Seaman; también en el Mundial de Francia del 98, cuando “Zubi” tocó un centro de Nigeria y se metió el balón en su portería. Una derrota que nos peso como una losa y que nos impidió pasar el grupo de clasificación; Cruz también en la Eurocopa del 2000, cuando Raúl falló el penalti que nos habría puesto por delante de Francia en el partido de cuartos y que nos eliminó con un gol del francés de origen argentino David Trezeguet; Cruz cuando nos tocó el arbitro egipcio que cortó las alas (anuló por fuera el centro de gol de Joaquín, …) de un equipo que jugó como nunca y que fue eliminado injustamente en los penaltis; Fue cruz también la eliminación del grupo de la Euro 2004  en favor de esos dos países que junto a nosotros los más rancios se empeñan en denominar PIGS. Ni Portugal ni Grecia jugaron como nosotros, pero aún así no pasamos; luego vendría el mundial del 2006 y los octavos frente a la Francia de Ribery, aquel tipo con cara de malo que con su gol jubiló para la selección, a Raúl, el ídolo, el mirlo blanco que jamás logró que nuestra suerte cambiara. Si es pesado leer tanta desventura, peor fue vivirlo.

Luego llegó la segunda oportunidad (tras el mundial de 2006) de Luís Aragonés. Aquel viejo loco, hombre del pasado, de la España rural de la que somos herederos, con un proyecto de futuro en esa cabeza que parecía hueca. Le dio estilo a la selección y vio en Xavi y en Casillas a los nuevos lideres que España necesitaba. Ganamos y entendimos muchas cosas. Entendimos cual era el camino, en quien debíamos confiar y el porqué del mote de “el sabio de Hortaleza”.

Acostumbrados a tanto infortunio, resulta difícil celebrar algo que parece tan fácil. Algunos no estamos acostumbrados aún a tanta alegría, y casi nos sentíamos más a gusto en la derrota y la desventura de aquellos equipos quijotescos, de mandíbula prieta y de mala leche en la mirada, que con esta generación de chicos de buenos gestos y dientes de anuncio.Todo tiene un porqué y sin duda es parte del cambio de España, que aún y estando perdida y sin rumbo aparente, avanzó durante 30 años lo que ningún país ha progresado en tan corto plazo. Aquello también fue un record, una gesta de todos que ha permitido que los jóvenes deportista nacieran sin el complejo y el miedo de decir sin ruborizarse el país en el que habían nacido.

Hoy se cumplen 20 años de la muerte del gran Camarón, que cantaba las penas de esa España que parecía maldita y que no se decidía a volar. Hoy, con la resaca de la victoria, cuando pensamos en la selección, esos lamentos parecen exagerados, de otra época.