Dalí y Barcelona, un divorcio que dura ya 25 años

Existen muchas frases dichas o atribuidas a Salvador Dalí. “El que quiere interesar a los demás tiene que provocarlos”, es una de ellas. Pero 25 años después de su muerte, parece que al genio surrealista lo que le acompaña es un desinterés institucional nada casual. Desaire en Cataluña (exceptuando su Figueras natal y su rincón estival de Cadaqués), pero sobre todo en Barcelona. La realidad es que el pintor ampurdanés es todavía un personaje incomodo. “La izquierda nunca le perdonó su adscripción vaticana y franquista”, señala Josep Massot, periodista cultural y experto en Dalí y Miró. Y añade: “Y el nacionalismo, además de su colaboración con la dictadura, tiene aún presente su pose a favor de una España imperial”.

La efeméride del cuarto de siglo de la muerte del autor, que se cumplió el pasado día 23 de enero, se dibujaba como un momento ideal para Barcelona. Para potenciar la imagen de ciudad cosmopolita y firmar la paz con la memoria de Dalí. Pero de nuevo, silencio institucional. No se fijó en la agenda municipal ningún gran acto en memoria del pintor catalán. Tampoco se bautizó, al fin, una calle, plaza o estación con su nombre. La ciudad sigue adeudando al genio del surrealismo un espacio emblemático en su recuerdo.

 La explicación oficial del Ayuntamiento de Barcelona continua siendo la misma que ha mantenido durante todos estos años. SEGUIR LEYENDO

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El milagro de Santa Coloma

Faltan diez minutos para la misa de 12 y la parroquia San Juan Bautista de Santa Coloma de Gramanet (Barcelona) está casi llena. Por los altavoces se oye cantar a capela al párroco Francesc Espinar, que se detiene y con una media sonrisa dice: “¿Qué pasa, qué hoy no quieren cantar?“. Las señoras ríen. El cura vuelve a empezar. Lo hace con tanta efusividad que se le enrojece la cara. Camina de lado a lado, sobre un altar por el que se mueve como si fuese un escenario.

Hay algo de italiano en su forma de hablar, una especie de reminiscencia de sus años de formación en un pequeño pueblo napolitano. Los bancos de delante están ocupados por mujeres españolas de entre 70 y 80 años. “¿Tu hijo ya ha encontrado trabajo?“, pregunta una. La otra baja la mirada y niega con la cabeza. A un lado, los maridos comentan el tropiezo de liga del Barça contra el Valencia. Uno lleva el Marca y se queja: “Ay mi Betis, ese si que me hace sufrir”. SEGUIR LEYENDO

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Casillas, con ojos de Rimbaud

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Lo de Casillas es casi nuestra historia de los últimos años. Vivía en la cresta de la ola, se le acabó el mar y acabó por toparse con la arena. Ahora esta con ojos de Rimbaud, melancólico y con el orgullo hecho trizas. Un poco como un parado al que no le llegan ofertas. Su despertar fue Mourinho, que siguiendo con la metáfora sería algo así como la crisis personal del portero blanco. Primero llega sibilino, se instala y al tercer año te destroza (a Casillas y a la imagen del Madrid). Para redondear el drama de Shakespeare nos falta un italiano. Ese es Carleto, hombre de gesto amable, de ceja alta y maestro en el escapismo de problemas. Muy Rajoniano en su manera de entender la vida.

Y ahí sigue Casillas, de protagonista a jugador comparsa. “Para la Copa”, dicen los más desalmados. Los tipos tan grandes como Casillas pasaron una barrera por la que ya no pueden ser segundos. Son reyes o no son.  No me imagino a Pedro J. Ramírez deambulando por El Mundo satisfecho por haber acabado su columna mientras otros manejan el timón. Ya no sirven para la Copa.

A Iker se le ha puesto cara triste y cada día que pasa se habla menos de él. De indiscutible a discutido y de allí a olvidado, a la velocidad del rayo. Mou lo torturó y jugó con él, como también lo hizo con Adán y con Diego López, a los que puso en el disparadero mediático, a modo de chaleco anti-balas para cubrirse de su muy discutible manera de actuar y su pobrísima eficacia (una liga y una copa en tres años).

El portugués se marchó a Londres para afirmar aquello de que él es del Chelsea y del Inter. Pese a ello, aquí, en Madrid, muchos siguen dando palmas a ese entrenador que renegó de madridista y que se cargó a una de las leyendas del club blanco. El infortunio de Casillas es celebrado por algunos blancos, como si no existiera pasado merengue más allá de Mou. Es para ponerse melancólico. 

Gorka Ellakuría

Publicado antes en El Cotidiano