Barcelona no quiere más turistas

Iryna, una turista rusa de 22 años, colgó cinco fotos en Instagram de su viaje a Barcelona. De esta forma sus conocidos pudieron saber de su paseo por el Barrio Gótico y de su visita a la Sagrada Familia y al Aquarium. En otra de las fotos la joven aparece posando en el Parque Güell, junto a dos pilares gaudinianos con los jardines de fondo. Hasta aquí nada extraño. La quinta instantánea es de una pared de cemento armado que poco tiene que ver con el genial arquitecto catalán, pero que se encuentra en los aledaños del lugar. En ese muro hay una pintada que reza: Tourist go home (turista vete a casa). La visitante moscovita publicó la fotografía junto a la siguiente frase escrita en ruso: “Barcelona hospitalaria”.

Tourist Go Home

Lo que podría ser una anécdota se ha convertido en una de las imágenes que Barcelona está transmitiendo al mundo. La de una ciudad que no quiere más turistas, que está saturada de tanta gente de paso. Una de las pruebas de que el mensaje se ha recibido en el exterior son los numerosos artículos hablando sobre las pintadas que han venido apareciendo en la prensa extranjera desde 2014. Varios medios anglosajones como The Guardian, Bloomberg o Reuters ya se han hecho eco del descontento de parte de los ciudadanos de la ciudad ante el incremento constante de turistas.

La redes sociales están llenas de imágenes tomadas en la ciudad. Instantáneas de paredes, escaleras mecánicas, buzones de correos, bancos del parque… un sinfín de fotografías que esconden mensajes contra el turista, la mayoría de las veces en inglés. El caso más flagrante quizá sea el de una factura compartida por un turista inglés. La captura nos muestra la cuenta de un bar del barrio de Vallcarca (junto al Parque Güell). Aunque parezca difícil de creer, el ticket también esconde una frase contra el visitante extranjero. “35, 70 euros. Mesa 10. Gracias por su visita. Gaudí hates you (Gaudí os odia)”.

Gaudíhatesyou

UN TURISMO EN CONSTANTE AUMENTO

El atractivo de la capital catalana parece no haber encontrado techo. Según datos de la oficina de turismo de Barcelona, en el año 1990 (dos años antes de las Olimpiadas) hubo 1.732.000 turistas que pasaron más de un día en la ciudad. Diez años después, en el 2000, casi se duplicó esa cifra alcanzando algo más de tres millones de visitas. Las cifras del último registro son de 2014 y nos revelan un aumento espectacular en el número de turistas: casi ocho millones de visitantes pernoctaron en la ciudad. En la actualidad, Barcelona es la cuarta ciudad europea preferida por el viajero internacional, por detrás solamente de Londres, París y Roma.

“Es un error señalar al turista como el culpable cuando los responsables están en el sector privado”, comenta el portavoz de la Asamblea de Barrios por un Turismo Sostenible (ABTS), que prefiere no revelar su identidad. “No es nuestra línea de actuación”, añade. La ABTS es una de las agrupaciones que han abanderado las protestas contra lo que consideran un turismo excesivo que está desvirtuando la esencia de la ciudad. Aunque reconoce: “cargando contra el turista logramos captar la atención mediática, de otra forma no se nos escucha”. El portavoz de esta asociación asegura no tener conocimiento de quién está detrás de las mencionadas pintadas y afirma que la organización no tiene vinculación con BComú (partido de Ada Colau) ni con cualquier otro partido político.

“La extrema izquierda se ha apropiado del discurso contra el turismo”, asegura Paco Sierra, portavoz de Ciudadanos en el Ayuntamiento de Barcelona. “En las recientes manifestaciones okupas se pudieron ver lemas de este tipo. Es una actitud alentada por la CUP y BComú”.

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El presunto hacker de TV3 se sienta en el banquillo

Este jueves se inicia en Barcelona el juicio contra Gustavo Cerdà, el trabajador de la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales (CCMA) acusado de obtener de forma ilícita y revelar los salarios de más de 2.000 empleados de TV3 y de Catalunya Ràdio. La Fiscalía solicita siete años de prisión para este ingeniero de telecomunicaciones de 36 años que, cuatro años después de los hechos, sigue manteniendo que es inocente y que se le ha utilizado como cabeza de turco.

Desde que fue detenido durante 48 horas en 2013, el acusado se encuentra hundido psicológicamente, anclado en esos dos días en que los Mossos de Esquadra lo tuvieron retenido. “Fue una detención muy conflictiva. Lo arrestaron a las nueve de la mañana, registraron su casa y TV3, y hasta la tarde nadie le informó de sus derechos” afirma Carlos S. Almeida, abogado del acusado. Una vez puesto en libertad, Cerdà acudió a urgencias médicas, afectado por un shock postraumático del que asegura no haberse recuperado.

La fiscalía solicita siete años por los delitos de obtención y revelación de secretos. En el escrito de acusación el fiscal sostiene que fue Cerdà, valiéndose de sus conocimientos de informática, quien entró de forma anónima y remota en el correo electrónico del director de la CCMA, Brauli Duart, donde encontró el mensaje que contenía los datos salariales que posteriormente difundiría. Pero el fiscal aporta pruebas que demuestran que también se hackeó el correo de Eugeni Sallent, director de TV3. “Cerdà no tenía la capacidad técnica ni ninguna motivación que justificara poner en peligro su empleo para revelar esa información” asegura Almeida, al tiempo que niega que el informático tuviera relación con algún partido político.

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El independentismo pincha en su protesta contra Fernández Díaz

A cuatro días para que se celebren elecciones generales, parece que ni siquiera las filtraciones de las conversaciones entre el entonces Ministro del Interior (ahora en funciones) Jorge Fernández Díaz y Daniel de Alfonso, director de la Oficina Antifraude de Catalunya, han logrado despertar a un independentismo catalán que apenas ha sido protagonista durante la campaña electoral.

Las tres principales organizaciones independentistas de Catalunya han logrado movilizar a poco más de mil personas en un acto de protesta que se ha celebrado frente a la delegación de gobierno en Barcelona para pedir “un nuevo país libre de corrupción de Estado”.

“Hay cuatro gatos”, le comenta en castellano Roser de la Osa (48 años) a un participante al que conoce mientras en su mano sujeta una estelada todavía por desplegar. No esconde su decepción ante la escasa participación cuando se le pregunta, aunque lo excusa: “aquí en Catalunya trabajamos hasta las ocho” (la manifestación se ha convocado a las siete y media).

“España es una tierra amiga” apunta Roser. Con familia en Murcia y voluntaria de la ANC (una de las asociaciones organizadoras). “Estoy enfadada y decepcionada. No entiendo como en España siguen votando al Partido Popular”. Pero tampoco se fía de Podemos: “Aunque ganen no aceptarán un referéndum. El de la coleta ha demostrado que sus líneas rojas son de color salmón”.

El acto ha empezado con la lectura de un manifiesto. “El estado español trata a los catalanes como ciudadanos de segunda”. “No garantizan ninguno de los derechos básicos”. Pocas referencias al asunto Fernández Díaz- De Alfonso, más allá de un cantico pidiendo la dimisión.

La gente se saluda, muchos parecen conocerse de actos independentistas como el de la tarde. La delegación está en el centro de Barcelona pero muy pocas personas se suman al acto ya empezado. Un hombre ataviado con una capa de superman y una barretina vende camisetas con lemas independentistas. A su lado unos jóvenes miran el acto desde la distancia, atentos a las intervenciones mientras beben cerveza.

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Iglesias apuesta en Barcelona por un referéndum de independencia para Cataluña

En su segunda parada electoral, Pablo Iglesias ha despejado pronto la incógnita de su postura frente a los anhelos soberanistas. El líder de Unidos Podemos ha reconocido en Barcelona que la formación que él lidera está por la labor de brindarle un referéndum de autodeterminación a Catalunya. Las varias miles de personas que se han acercado para arropar a Iglesias han celebrado tímidamente esa declaración de intenciones. En cambio, se han mostrado mucho más efusivos cuando las consignas iban dirigidas contra el Partido Popular (PP) o contra Albert Rivera, que han provocado el “Sí, se puede” general.

Ahora Podemos buscó un lugar con simbología para su acto en Catalunya. Con el Arco del Triunfo como telón de fondo, situado en el Paseo Lluís Companys. A la cita han acudido grupos de jubilados de pueblos cercanos a Catalunya ataviados con sombreros de paja con la marca de Podemos, camisetas lilas y banderas republicanas. También se han acercado muchos padres con hijos adolescentes, pese a la amenaza del sol de junio, en esta ocasión amortiguado por unas nubes que han regalado bastantes momentos de sombra. Y como viene siendo habitual desde que naciera Podemos, muchos universitarios, la mayoría luciendo camisetas con mensaje, del tipo: “Yo voté a Pablo”.

Ada Colau ha arrancado el acto, muy cómoda en su rol de alcaldesa y marcando terreno. “Siempre me hacen hablar la última y ahora me apetece hablar la primera”, ha apuntado. Ella ha sido la que ha mencionado por primera vez la necesidad de un referéndum para Catalunya y ha inaugurado dos términos que se repitieron en todos los discursos: fraternidad y pueblos. Pero la incógnita ha empezado a sobrevolar en el multitudinario ambiente tras las intervenciones de Íñigo Errejón y de Alberto Garzón. Ninguno ha mencionado el tema catalán. Solo los miembros de En Comú Podem habían insistido en el referéndum para Catalunya. Dos horas después de iniciarse el mitin ha tomado la palabra Pablo Iglesias en una intervención de apenas diez minutos. Errejón y Garzón le habían guardado la exclusiva al líder, pues fue Iglesias el que finalmente ha reconocido apostar por el derecho de los catalanes a votar su continuidad en España: “Queremos un referéndum en Catalunya y que los catalanes decidan su futuro”. Y ha añadido: “Aspiro a ser el presidente que escucha a Catalunya, que le reconoce sus derechos y que tiende puestos que otros volaron”.

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Nebraska, tierra prometida

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Primera escena. Un viejo, que a duras penas se aguanta en pie, camina junto a una carretera hasta que un coche de policía lo detiene. El agente le pregunta que a dónde va y de dónde viene. Dos cuestiones lanzadas sin más, pero que desde la butaca del cine impactan como lo que son: los dos grandes interrogantes de la vida de todo hombre. Así, con ese momento veladamente trascendente, arranca la extraordinaria película Nebraska (2013). Rodada por Alexander Payne (Los descendientes, Entre copas…) y desde el pasado sábado, nuevo largometraje víctima (y ya son centenares) de las injusticias de los premios Oscars. 

Payne, nacido curiosamente en el estado de Nebraska en 1961, se sirve de la carretera como cordón umbilical entre el pasado y el presente de la vida de los protagonistas. De nuevo una historia con tintes existencialistas, lo que es ya una constante en su carrera como director. Es Nebraska el más brillante trabajo de Payne, además de una road movie al uso, grabada en blanco y negro, los colores del asfalto.

La película se mueve tan lento como conduce uno de los protagonistas, pero huye del bostezo gracias a la antológica interpretación de Bruce Dern (1936) de un anciano a medio camino entre la senilidad y el alcoholismo lúcido. La mirada se lleva gran parte del peso interpretativo, por como transmite la obcecación del viejo por recoger ese premio de un millón de dólares, pese a que todo el mundo le advierte de que es un timo. Demasiado tarde, ya se ha convertido en su objetivo vital, aunque uno llega a dudar durante el film si el anciano de pelo alborotado y barba de cinco días también no sabe que aquel billete es publicidad engañosa sin ningún valor. Pero qué importa. Se aferra a ello, es su motivo para seguir viviendo. Así lo dice su propio hijo (Will Forte) que al darse cuenta se siente empujado a acompañar a su anciano padre en ese loco viaje intrageneracional, mano a mano, a lo Paradise y Moriarty. Y de nuevo una duda: ¿Quién de los dos necesita más de ese viaje?  El marchar como redención, como escapatoria de la incomoda realidad, como búsqueda de las raíces. Concepto muy manido pero plasmado de forma acertadísima en esta película de Payne.

Más de 2000 km hasta la fría Nebraska, tierra prometida para el viejo y auténtico faro de este aparentemente inútil viaje. En medio del camino, como las sirenas que amenazan a Ulises, el antiguo pueblo de los padres, Hawthorne. Allí está el origen, los familiares que se convirtieron hace tiempo en desconocidos y los amigos de la infancia que se tornaron en temibles enemigos. Entre tabernas de pueblo, donde los hombre empezaban a beber con apenas 15 años. “Aquí no hay otra cosa que hacer”, como argumenta una antigua novia del padre. Y al fin, el hijo que descubre al padre, lejos de casa y por boca de desconocidos.

Y todo parte de esa pregunta inicial del policía que rompe el silencio del film.  El anciano tras unos segundos responde: “Vengo de allí (señalando atrás) y voy hacía allí (señalando al infinito)”. Ni sabe muy bien de dónde viene ni hacía qué lugar se dirige. Como nos pasa a todos, vamos. 

Gorka Ellakuría

Dalí y Barcelona, un divorcio que dura ya 25 años

Existen muchas frases dichas o atribuidas a Salvador Dalí. “El que quiere interesar a los demás tiene que provocarlos”, es una de ellas. Pero 25 años después de su muerte, parece que al genio surrealista lo que le acompaña es un desinterés institucional nada casual. Desaire en Cataluña (exceptuando su Figueras natal y su rincón estival de Cadaqués), pero sobre todo en Barcelona. La realidad es que el pintor ampurdanés es todavía un personaje incomodo. “La izquierda nunca le perdonó su adscripción vaticana y franquista”, señala Josep Massot, periodista cultural y experto en Dalí y Miró. Y añade: “Y el nacionalismo, además de su colaboración con la dictadura, tiene aún presente su pose a favor de una España imperial”.

La efeméride del cuarto de siglo de la muerte del autor, que se cumplió el pasado día 23 de enero, se dibujaba como un momento ideal para Barcelona. Para potenciar la imagen de ciudad cosmopolita y firmar la paz con la memoria de Dalí. Pero de nuevo, silencio institucional. No se fijó en la agenda municipal ningún gran acto en memoria del pintor catalán. Tampoco se bautizó, al fin, una calle, plaza o estación con su nombre. La ciudad sigue adeudando al genio del surrealismo un espacio emblemático en su recuerdo.

 La explicación oficial del Ayuntamiento de Barcelona continua siendo la misma que ha mantenido durante todos estos años. SEGUIR LEYENDO

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El milagro de Santa Coloma

Faltan diez minutos para la misa de 12 y la parroquia San Juan Bautista de Santa Coloma de Gramanet (Barcelona) está casi llena. Por los altavoces se oye cantar a capela al párroco Francesc Espinar, que se detiene y con una media sonrisa dice: “¿Qué pasa, qué hoy no quieren cantar?“. Las señoras ríen. El cura vuelve a empezar. Lo hace con tanta efusividad que se le enrojece la cara. Camina de lado a lado, sobre un altar por el que se mueve como si fuese un escenario.

Hay algo de italiano en su forma de hablar, una especie de reminiscencia de sus años de formación en un pequeño pueblo napolitano. Los bancos de delante están ocupados por mujeres españolas de entre 70 y 80 años. “¿Tu hijo ya ha encontrado trabajo?“, pregunta una. La otra baja la mirada y niega con la cabeza. A un lado, los maridos comentan el tropiezo de liga del Barça contra el Valencia. Uno lleva el Marca y se queja: “Ay mi Betis, ese si que me hace sufrir”. SEGUIR LEYENDO

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Cholismo contra la crisis

Cholismo

Salió Simeone antes del partido de Liga frente al Barça y dijo aquello de que eran el equipo del pueblo. Lo que en otro entrenador de otro equipo hubiese sido populismo barato, fue un momento (casi) místico. Reafirmó entonces algo que muchos intuíamos y deseábamos secretamente. El Cholo renunció a ser el último de los grandes y optó por tirar del carro de los diecisiete equipos restantes. El de los pobres. Un grupo lleno de deudas, desahucios, dimisiones, ansiedades y alguna que otra depresión. En la línea de lo que está viviendo el país. La vida del Madrid y del Barça, en cambio, continua siendo como la de los Blesa y cia, en sus tiempos en los que se creían los Lobos de Wall Street españoles: vida chulesca, cínica y tremendamente ostentosa; pornográfica pura.

El filosofo alemán G.W.F. Hegel afirmó que: “Sin pasión nada grande se ha llevado a cabo ni podrá llevarse.” En esa frase está la clave del éxito de este Cholismo que va camino de convertirse en un autentico movimiento social. Un tremendo chute anímico en una época de Orfidal y Prozak .

Los medios afines a los dos grandes lo miran como un capricho de pobre y nos machacan con esa cenizada de que sin rotaciones el Atleti se quedará sin fuerzas para pelear la liga. El discurso parece haber calado en la gente, y se repite por infinidad de voceros de barra de bar. Lo dicen pero no desean que sea así. Se puede ver en sus caras. El Cholo nos ha recordado que no siempre ganan los mismos, y no hablo sólo de fútbol.

Costa, Villa, Arda, Miranda, Gabi, Raúl García, Godín... Frente a las estrellas de los dos grandes estos tipos parecen arapientos vaqueros de vuelta de todo. Son El Grupo Salvaje de la Liga. Sin nada que perder. El sueño sigue mientras permanezcan arriba, en la pelea. El partido a partido de toda la vida, que en este Atleti tiene poco de topicazo.Un día llegarán a México, como en la peli de Sam Peckinpah, y todo se habrá acabado. Pero por favor, entonces, no escuchen a los que digan que ya lo decían, ni olviden tampoco lo bonito que está siendo el camino. 

Gorka Ellakuría

*Publicado antes en El Cotidiano

Una puta pataleta

Sentados en el sofá del salón, los padres le reconocen al niño que aquello de los reyes magos efectivamente es un invento, y que su compañera de clase no mentía. Es la primera decepción de todo niño- salvo que no haya vivido una vida acomodada ni sepa lo que son los Reyes Magos ni Papa Noel, que por otra parte, y por desgracia, es lo que le ocurre a la mayoría de los niños del mundo-. Desde ese momento, el crio de vida cómoda tiene dos formas de asumir las decepciones: Digerirlas o vomitarlas manchando con su decepción a los que le rodean. Es el primer mito caído, y si tienen algo de vista, se darán cuenta que la caída del héroe suele estar intrínsecamente ligada a todo persona de admirar.

Cuanto más alto sea el árbol más ruido hará al caer. El último gran ejemplar en tocar tierra ha sido Armstrong. El mito del chico que venció al cáncer y que superó las barreras de lo humano empezó a tambalearse cuando se le acusó de dopaje. Finalmente cayó el otro día, al reconocer su trampa-casi obligado por la justicia-  ante Oprah, esa versión americana y negra de nuestra Ana Rosa Quintana.

Fue infumable soportar a los que hablaban de Armstrong en su época dorada. Aguantar a los que lo tildaban de héroe, de mito, de personaje único y sobrehumano. El no ser del americano era casi un pecado, y se podía cortar el silencio después de que uno reconociera, cargado de unas copas de más, que su preferido era ese alemán fofo y juerguista llamado Ullrich.

Me sorprende que ahora, en el peor momento del tejano, me sienta como uno de sus mayores defensores, yo que nunca fui muy fan de ese tejano con rictus de chulo de barrio. ¿Dónde están todos aquellos que tanto lo idolatraron?

Leo lo siguiente en Twitter y no dejo de pensar en aquellos críos que no aprendieron nada de la revelación de los Reyes Magos: “La actitud de este drogata, este criminal, este camello, es claramente que lo esta haciendo pq le han pillado. Ni un momento de emoción”.(Ramón Trecet., @Trecet). Bilis por todas partes. Pataleta de un niño malcriado y utópico. Y como este ejemplo, mil. ¿Y que queda ahora,además de convertirse en en muñeco pim pam pum de los moralistas de boquilla? Armstrong es hoy más mito que nunca, porque ahora, al menos, es humano. >>Gorka Ellakuría @Gorkanov

lance armstrong

Lance, esto es América

En lo más profundo de la cultura yanki, en la raíz misma del patriotismo de barras y estrellas permanece el recuerdo de los primeros colonizadores. Aquellos granjeros con pistola que Hollywood mitificó y que a diario ponían en juego sus vidas para mantener el ganado, el negocio o aquello tan antiguo y que antes era tan valioso denominado honor. Ciudades llenas de rateros, prostitutas, altivos holandeses – eso no ha cambiado- e irlandeses que llevaban años alimentándose de patata y whisky. Un tiempo en que se mitificaba a ciertos personajes- normalmente los más perversos-, se escribían novelas sobre sus hazañas y los cuentos populares los tomaban como protagonistas. Era una sociedad nueva, un país a estrenar que necesitaba tener sus propias leyendas. La gloria duraba unos años. Al venerado héroe le esperaba una caída sin red. Sin la malla de las manos de aquellos que parecían venerarle y que se suponía que estarían allí eternamente.

Qué se lo digan a Lance Armstrong, el chico bonito de América. Superviviente de un cáncer, siete veces campeón del Tour, marido de una countrygirl, y con una cara de tejano que ni el mismo John Wayne. Un tipo que no se inmutaba subiendo los puertos de montaña más duros de Francia, mientras a sus colegas de profesión se les desfiguraba la cara intentando seguir a aquel rubio que bailaba sobre la bicicleta. Ligero como Mohamed Ali– otra victima de la aún adolescente y puritana Norteamérica-. La lista de destronados es larga y en ella están algunos de los más brillantes “hijos de América”. En un repaso rápido y poco exhaustivo me viene a la mente: Tiger Woods, Michael Jackson, Bill Clinton, Elvis Presley, Marilyn Monroe, Scott Fitzgerald, y el mismo Ali. El puritanismo y la envidia son implacables.

A Amstrong le van a retirar los siete tours que ganó de forma magistral por, según cuentan, haberse dopado. Entre los chivatos está Hincapie, un ciclista que asegura haber tomado “sustancias prohibidas” junto al tejano y obligado por él, pero que nunca pasó de ciclista segundón. Quizá sea el motivo por el que éste y otros ex–compañeros de Armstrong hayan decido ahora, después de casi 10 años, revelar que eran unos tramposos y que el cabecilla de la gran farsa era el tejano. Un tiro a quemarropa y por la espalda, que como la leyenda cuenta, fue el fin de otro mito llamado Jesse James.

Dopado o no, Armstrong dio un recital de ciclismo y de lucha. Fue el mejor  de una generación de oro. La de los Ullrich, Beloki, Heras, Vinokurov, “el Chava” Giménez y el final del gran Pantani. La mayoría de ellos manchados por eso que llaman “dopaje” y  que, curiosamente, tanto interesa a los menos aficionados a este deporte.

La supremacía de Armstrong– porque fue eso- era odiosa para los que soñábamos con un nuevo Indurain y que por momentos pensamos que el relevo estaba en manos de Beloki, Heras o Mayo. Aún más irritante era la adulación de los medios y de las marcas deportivas , que exprimían su pasado de enfermo y su presente de triunfador hasta la última gota. A la cabeza, Nike, que se hizo de oro con el ciclista americano y que le sirvió para colocar su marca en un deporte en el que nunca había encontrado su espacio. La multinacional afincada en Oregón (Portland) y la fundación “Livestrong”, que tanto dinero ha recaudado para los enfermos de cáncer sirviéndose de la imagen de Armstrong, le han dado la espalda como aquellos malos amigos que desaparecen en cuanto las cosas se ponen feas.

A cada desplante estilo judas, a cada acusación contra el corredor, el mito de Armstrong se hace más grande. Lo quiera él o no, ya forma parte de la nómina de poetas malditos. Aquellos que comprasteis la pulserita amarilla y paseabais con ella sin haber visto nunca una etapa de ciclismo, aquellos que estáis pensando en tirarla porque el americano os “ha fallado”; os equivocáis, ahora es cuando deberías lucir con mas orgullo la cinta de goma que puso de moda un paleto que decidió luchar contra su destino de caravana y paternidad adolescente. >>Gorka Ellakuría

A la derecha le gusta jugar

La crisis tiene dos manos, y ya hace tiempo que aprieta el cuello de los españoles y el aire empieza a escasear. Son las manos del ministro de finanzas alemán agarrando el pescuezo de De Guindos. O las de Artur Mas moviéndose al tiempo que anuncia que en “este momento histórico” lo que toca es remar para conseguir el ansiado Estado propio. La respuesta del PP inmediata y de chiste. Las manos también de Wert , Cospedal o Mayor Oreja arrojando gasolina al fuego catalán.  

Ahora, cuando estamos asfixiados y con pocas fuerzas como para pensar, Oriol Pujol, el de las ITV, el hijo del que en treinta años no quiso o no se le ocurrió que la solución era dejar España, recuerda los relatos de aquella pesadilla llamada franquismo para defender la “necesidad” de emanciparse de nuestros rancios vecinos. Juego de manos. Mientras tanto al PP se le hace la boca agua con la oportunidad que le brindan sus socios -habituales- de Convergència. Ahora lo que importa es qué hacemos con “el problema catalán” mientras nos despedimos de las discusiones sobre el futuro del estado del bienestar, el desplome de la economía española o de aquel pesado seguimiento televisivo de la prima de riesgo.

El juego del olvido también ha surtido efecto aquí. El brillo de Itaca ha borrado del imaginario catalán los polémicos recortes del ahora mesiánico Artur Mas, que hace unos meses tanto polvo levantó o aquel cuento que ya pocos recuerdan titulado “Cas Palau” (Millet, Montull y la sede de CIU embargada por el juez).

Juegos de derechas mientras la izquierda ni las ve venir. Miopes en un partido de tenis. Un juego inofensivo al fin y al cabo. Ni a Convergència le preocupa tanto ser independiente, ni a España (excepto por el tema económico) le quita el sueño, como antes, esta posibilidad. Mientras la tasa de paro no deja de crecer, los jóvenes emigran a otros países en busca de trabajo, los centros sociales se quedan sin recursos y los jubilados mantienen con su exigua pensión al resto de la familia. Entiendan que algunos no estemos para juegos. >>Gorka Ellakuría

“La popularidad fosiliza al artista”

>Gorka Ellakuría

Ops, Ubú o El Roto son algunos de los pseudónimos del dibujante de viñetas y pintor Andrés Rábago (Madrid, 1947). Su carrera como ilustrador se inició hace tres décadas, y desde hace unos años publica sus viñetas críticas y reflexivas en el diario el País. El Centro de arte Tecla de l’Hospitalet de Llobregat expone hasta el próximo 24 de febrero ‘Un viaje de mil demonios (y un par de ángeles)’, la mayor retrospectiva realizada sobre los dibujos y pinturas originales del autor madrileño. Más de 185 obras entre las que se encuentran alguno de los dibujos de sus inicios hasta sus viñetas más críticas con la situación actual.

“La selección la he hecho yo y creo que está muy bien” me dice al teléfono Rábago. En seguida puntualiza: “No quiero ser pedante eh”. Su voz y lo que dice, no suena como tal.  Habla lento y con cariño. Este dibujante de viñetas de trazo limpio, y escasas en palabras pero cargadas de intención, se convirtió en uno de los autores de cabecera del movimiento del 15-M. Un autor con 30 años de carrera que logró conectar con las demandas de parte de los jóvenes españoles de una generación muy lejana a la suya. “Los tiempos históricos son muy lentos y muy largos, la superficie cambia velozmente pero lo profundo no varia tanto”, explica El Roto para justificar su vigencia. “Desde mis inicios en Hermano Lobo he sentido esta conexión con la gente, y no me refiero a política”.

El Roto comenzó como dibujante satírico en 1968, colaborando con las publicaciones críticas con la dictadura y ocultando su identidad bajo el sobrenombre de OPS. Desde entonces ha escondido su nombre con distintos alias, dando esquinazo también a la fama. “La popularidad la conocí de joven y siempre la he intentado evitar porque me parece un lastre para el artista. Si te conocen pasas a depender de la imagen que quieren de ti. Eso te fosiliza y te impide cambiar” me explica serio. Tras un parón que al teléfono se hace eterno, ríe y añade: “Además, en la sátira hay tradición de utilizar seudónimos”.

Hoy en día si se menciona a “El Roto” son pocos los que no lo conocen, mientras que el verdadero nombre del autor, el que utiliza para presentarse como pintor, es casi desconocido. La prolífica obra de Rábago, de la que me asegura “siento que no son sólo míos, sino también del resto”, ha aparecido en distintas publicaciones como La Estafeta Literaria, Pueblo, El Independiente, Ajo Blanco, Tótem y en diversos diarios como Diario 16, Informaciones, Pueblo, El Periódico de Catalunya, y más recientemente, en el País.

30 años disparando con bala recogidos en una exposición que seguro que hace las delicias de los seguidores de toda la vida o los últimos en enrolarse en el extenso grupo que admira la obra del autor madrileño.

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