Barcelona no quiere más turistas

Iryna, una turista rusa de 22 años, colgó cinco fotos en Instagram de su viaje a Barcelona. De esta forma sus conocidos pudieron saber de su paseo por el Barrio Gótico y de su visita a la Sagrada Familia y al Aquarium. En otra de las fotos la joven aparece posando en el Parque Güell, junto a dos pilares gaudinianos con los jardines de fondo. Hasta aquí nada extraño. La quinta instantánea es de una pared de cemento armado que poco tiene que ver con el genial arquitecto catalán, pero que se encuentra en los aledaños del lugar. En ese muro hay una pintada que reza: Tourist go home (turista vete a casa). La visitante moscovita publicó la fotografía junto a la siguiente frase escrita en ruso: “Barcelona hospitalaria”.

Tourist Go Home

Lo que podría ser una anécdota se ha convertido en una de las imágenes que Barcelona está transmitiendo al mundo. La de una ciudad que no quiere más turistas, que está saturada de tanta gente de paso. Una de las pruebas de que el mensaje se ha recibido en el exterior son los numerosos artículos hablando sobre las pintadas que han venido apareciendo en la prensa extranjera desde 2014. Varios medios anglosajones como The Guardian, Bloomberg o Reuters ya se han hecho eco del descontento de parte de los ciudadanos de la ciudad ante el incremento constante de turistas.

La redes sociales están llenas de imágenes tomadas en la ciudad. Instantáneas de paredes, escaleras mecánicas, buzones de correos, bancos del parque… un sinfín de fotografías que esconden mensajes contra el turista, la mayoría de las veces en inglés. El caso más flagrante quizá sea el de una factura compartida por un turista inglés. La captura nos muestra la cuenta de un bar del barrio de Vallcarca (junto al Parque Güell). Aunque parezca difícil de creer, el ticket también esconde una frase contra el visitante extranjero. “35, 70 euros. Mesa 10. Gracias por su visita. Gaudí hates you (Gaudí os odia)”.

Gaudíhatesyou

UN TURISMO EN CONSTANTE AUMENTO

El atractivo de la capital catalana parece no haber encontrado techo. Según datos de la oficina de turismo de Barcelona, en el año 1990 (dos años antes de las Olimpiadas) hubo 1.732.000 turistas que pasaron más de un día en la ciudad. Diez años después, en el 2000, casi se duplicó esa cifra alcanzando algo más de tres millones de visitas. Las cifras del último registro son de 2014 y nos revelan un aumento espectacular en el número de turistas: casi ocho millones de visitantes pernoctaron en la ciudad. En la actualidad, Barcelona es la cuarta ciudad europea preferida por el viajero internacional, por detrás solamente de Londres, París y Roma.

“Es un error señalar al turista como el culpable cuando los responsables están en el sector privado”, comenta el portavoz de la Asamblea de Barrios por un Turismo Sostenible (ABTS), que prefiere no revelar su identidad. “No es nuestra línea de actuación”, añade. La ABTS es una de las agrupaciones que han abanderado las protestas contra lo que consideran un turismo excesivo que está desvirtuando la esencia de la ciudad. Aunque reconoce: “cargando contra el turista logramos captar la atención mediática, de otra forma no se nos escucha”. El portavoz de esta asociación asegura no tener conocimiento de quién está detrás de las mencionadas pintadas y afirma que la organización no tiene vinculación con BComú (partido de Ada Colau) ni con cualquier otro partido político.

“La extrema izquierda se ha apropiado del discurso contra el turismo”, asegura Paco Sierra, portavoz de Ciudadanos en el Ayuntamiento de Barcelona. “En las recientes manifestaciones okupas se pudieron ver lemas de este tipo. Es una actitud alentada por la CUP y BComú”.

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El presunto hacker de TV3 se sienta en el banquillo

Este jueves se inicia en Barcelona el juicio contra Gustavo Cerdà, el trabajador de la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales (CCMA) acusado de obtener de forma ilícita y revelar los salarios de más de 2.000 empleados de TV3 y de Catalunya Ràdio. La Fiscalía solicita siete años de prisión para este ingeniero de telecomunicaciones de 36 años que, cuatro años después de los hechos, sigue manteniendo que es inocente y que se le ha utilizado como cabeza de turco.

Desde que fue detenido durante 48 horas en 2013, el acusado se encuentra hundido psicológicamente, anclado en esos dos días en que los Mossos de Esquadra lo tuvieron retenido. “Fue una detención muy conflictiva. Lo arrestaron a las nueve de la mañana, registraron su casa y TV3, y hasta la tarde nadie le informó de sus derechos” afirma Carlos S. Almeida, abogado del acusado. Una vez puesto en libertad, Cerdà acudió a urgencias médicas, afectado por un shock postraumático del que asegura no haberse recuperado.

La fiscalía solicita siete años por los delitos de obtención y revelación de secretos. En el escrito de acusación el fiscal sostiene que fue Cerdà, valiéndose de sus conocimientos de informática, quien entró de forma anónima y remota en el correo electrónico del director de la CCMA, Brauli Duart, donde encontró el mensaje que contenía los datos salariales que posteriormente difundiría. Pero el fiscal aporta pruebas que demuestran que también se hackeó el correo de Eugeni Sallent, director de TV3. “Cerdà no tenía la capacidad técnica ni ninguna motivación que justificara poner en peligro su empleo para revelar esa información” asegura Almeida, al tiempo que niega que el informático tuviera relación con algún partido político.

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El independentismo pincha en su protesta contra Fernández Díaz

A cuatro días para que se celebren elecciones generales, parece que ni siquiera las filtraciones de las conversaciones entre el entonces Ministro del Interior (ahora en funciones) Jorge Fernández Díaz y Daniel de Alfonso, director de la Oficina Antifraude de Catalunya, han logrado despertar a un independentismo catalán que apenas ha sido protagonista durante la campaña electoral.

Las tres principales organizaciones independentistas de Catalunya han logrado movilizar a poco más de mil personas en un acto de protesta que se ha celebrado frente a la delegación de gobierno en Barcelona para pedir “un nuevo país libre de corrupción de Estado”.

“Hay cuatro gatos”, le comenta en castellano Roser de la Osa (48 años) a un participante al que conoce mientras en su mano sujeta una estelada todavía por desplegar. No esconde su decepción ante la escasa participación cuando se le pregunta, aunque lo excusa: “aquí en Catalunya trabajamos hasta las ocho” (la manifestación se ha convocado a las siete y media).

“España es una tierra amiga” apunta Roser. Con familia en Murcia y voluntaria de la ANC (una de las asociaciones organizadoras). “Estoy enfadada y decepcionada. No entiendo como en España siguen votando al Partido Popular”. Pero tampoco se fía de Podemos: “Aunque ganen no aceptarán un referéndum. El de la coleta ha demostrado que sus líneas rojas son de color salmón”.

El acto ha empezado con la lectura de un manifiesto. “El estado español trata a los catalanes como ciudadanos de segunda”. “No garantizan ninguno de los derechos básicos”. Pocas referencias al asunto Fernández Díaz- De Alfonso, más allá de un cantico pidiendo la dimisión.

La gente se saluda, muchos parecen conocerse de actos independentistas como el de la tarde. La delegación está en el centro de Barcelona pero muy pocas personas se suman al acto ya empezado. Un hombre ataviado con una capa de superman y una barretina vende camisetas con lemas independentistas. A su lado unos jóvenes miran el acto desde la distancia, atentos a las intervenciones mientras beben cerveza.

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Iglesias apuesta en Barcelona por un referéndum de independencia para Cataluña

En su segunda parada electoral, Pablo Iglesias ha despejado pronto la incógnita de su postura frente a los anhelos soberanistas. El líder de Unidos Podemos ha reconocido en Barcelona que la formación que él lidera está por la labor de brindarle un referéndum de autodeterminación a Catalunya. Las varias miles de personas que se han acercado para arropar a Iglesias han celebrado tímidamente esa declaración de intenciones. En cambio, se han mostrado mucho más efusivos cuando las consignas iban dirigidas contra el Partido Popular (PP) o contra Albert Rivera, que han provocado el “Sí, se puede” general.

Ahora Podemos buscó un lugar con simbología para su acto en Catalunya. Con el Arco del Triunfo como telón de fondo, situado en el Paseo Lluís Companys. A la cita han acudido grupos de jubilados de pueblos cercanos a Catalunya ataviados con sombreros de paja con la marca de Podemos, camisetas lilas y banderas republicanas. También se han acercado muchos padres con hijos adolescentes, pese a la amenaza del sol de junio, en esta ocasión amortiguado por unas nubes que han regalado bastantes momentos de sombra. Y como viene siendo habitual desde que naciera Podemos, muchos universitarios, la mayoría luciendo camisetas con mensaje, del tipo: “Yo voté a Pablo”.

Ada Colau ha arrancado el acto, muy cómoda en su rol de alcaldesa y marcando terreno. “Siempre me hacen hablar la última y ahora me apetece hablar la primera”, ha apuntado. Ella ha sido la que ha mencionado por primera vez la necesidad de un referéndum para Catalunya y ha inaugurado dos términos que se repitieron en todos los discursos: fraternidad y pueblos. Pero la incógnita ha empezado a sobrevolar en el multitudinario ambiente tras las intervenciones de Íñigo Errejón y de Alberto Garzón. Ninguno ha mencionado el tema catalán. Solo los miembros de En Comú Podem habían insistido en el referéndum para Catalunya. Dos horas después de iniciarse el mitin ha tomado la palabra Pablo Iglesias en una intervención de apenas diez minutos. Errejón y Garzón le habían guardado la exclusiva al líder, pues fue Iglesias el que finalmente ha reconocido apostar por el derecho de los catalanes a votar su continuidad en España: “Queremos un referéndum en Catalunya y que los catalanes decidan su futuro”. Y ha añadido: “Aspiro a ser el presidente que escucha a Catalunya, que le reconoce sus derechos y que tiende puestos que otros volaron”.

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La Monumental, plaza fantasma

La polución mezclada con polvo cubre levemente los huevos blancos y azules que coronan la centenaria plaza de toros estilo bizantino. Unas finas grietas recorren la fachada de La Monumental de Barcelona y las contraventanas de madera que dan a la calle permanecen cerradas, incluso de día. En sus muros aún se pueden ver los disparos de bala de la Guerra Civil que detuvo para siempre la plaza. Fuera, si uno se fija, aún hay restos de pintura roja y un casi ilegible “asesino” escrito con pintura azul en uno de los escalones de entrada al coso.

La entrada izquierda permanece abierta y hoy, mayo de 2014, una familia con aspecto y acento yanki accede y pregunta en taquilla: “¿Cuándo es el siguiente espectáculo (when will be the next show)?” Les ofrecen el tour por la plaza y la visita al museo del toro por seis euros, pero nada de corridas (“no shows“). Poco después, un rubio alto y una asiática enfilan el camino hacia a las taquillas. Probablemente desconozcan también que desde hace casi tres años es imposible ver una corrida de toros en Barcelona. Desde la prohibición, la Monumental, último feudo taurino en activo de los tres que tuvo la ciudad Condal, malvive de mostrarse al turista y de albergar en su arena algún que otro circo ambulante.

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Con los puños en la masa

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Estuvo a punto de competir en las olimpiadas de Atlanta 1996, pero un accidente lo apartó del boxeo y del sueño olímpico. Derrotado, Fabián Martín supo reinventarse hasta convertirse en campeón del mundo de pizzas. Hoy tiene cuatro restaurantes y planea abrir un negocio en Nueva York. 

Habla del futuro con cautela. Se niega a bajar los brazos, como si se cubriera la cara ante un poderoso contrincante invisible. Fabián Martín, campeón del mundo de pizzas, exboxeador profesional y famoso restaurador barcelonés asegura que casi todo en la vida le ha llegado por casualidad. “Ni celebré mucho los premios, por si acaso”, cuenta él mismo.  El miedo a lo que vendrá está presente en la mirada de un hombre que ha conocido los caprichosos giros del destino. Su cara apenas revela su pasado de púgil, más allá de una nariz hundida a lo De Niro y un pequeño hoyo en el pómulo que sólo aparece cuando el cocinero sonríe. Sus manos son menos fieles y le delatan, pues cuando habla las mueve como solo lo haría un boxeador.

Acostumbrado a perder contra la mala suerte, el 3 de marzo de 2007, Fabián logró noquear a la sombra que no le dejaba triunfar. Aquel día se proclama campeón del mundo de pizzas. La victoria de su vida la cuenta en directo el mismísimo Matías Prats en el informativo de la noche de Antena 3, en un conexión con Nueva York que abrió el telediario. El ganador habla entonces a cámara con ese acento suyo entre almeriense y francés. El espectador ve a un español convertido en el primer no italiano en ganar este título culinario (ganó también en la modalidad de malabarismo). Lo que desconoce es que están viendo a un tipo al que por primera vez le sonríe la suerte. De ahí a la primera fila mediática. Miles de entrevistas, campañas de publicidad, apariciones en programas de televisión. Hoy, seis años después, cuenta con tres restaurantes en Barcelona y uno en Llívia (Pirineo catalán) y tiene pensado, como proyecto definitivo, abrir una pizzería en Nueva York. Por el camino se embolsó otro campeonato mundial, en 2009 y en Nápoles, la tierra que vio nacer a las pizzas.

Estamos ante el Fabián de hoy. Pero antes hubo otro. Un chico de 26 años que se entrenaba en Madrid con la selección nacional de boxeo. Que estaba preseleccionado para competir en las olimpiadas de Atlanta 1996. Un peso Welter que se había hecho un nombre en Francia y después en España. De la quinta de los Hermanos Trozzo, Charpantier, Castañeda, Guerrero, Faustino Reyes o el Potro de Vallecas.

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Nebraska, tierra prometida

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Primera escena. Un viejo, que a duras penas se aguanta en pie, camina junto a una carretera hasta que un coche de policía lo detiene. El agente le pregunta que a dónde va y de dónde viene. Dos cuestiones lanzadas sin más, pero que desde la butaca del cine impactan como lo que son: los dos grandes interrogantes de la vida de todo hombre. Así, con ese momento veladamente trascendente, arranca la extraordinaria película Nebraska (2013). Rodada por Alexander Payne (Los descendientes, Entre copas…) y desde el pasado sábado, nuevo largometraje víctima (y ya son centenares) de las injusticias de los premios Oscars. 

Payne, nacido curiosamente en el estado de Nebraska en 1961, se sirve de la carretera como cordón umbilical entre el pasado y el presente de la vida de los protagonistas. De nuevo una historia con tintes existencialistas, lo que es ya una constante en su carrera como director. Es Nebraska el más brillante trabajo de Payne, además de una road movie al uso, grabada en blanco y negro, los colores del asfalto.

La película se mueve tan lento como conduce uno de los protagonistas, pero huye del bostezo gracias a la antológica interpretación de Bruce Dern (1936) de un anciano a medio camino entre la senilidad y el alcoholismo lúcido. La mirada se lleva gran parte del peso interpretativo, por como transmite la obcecación del viejo por recoger ese premio de un millón de dólares, pese a que todo el mundo le advierte de que es un timo. Demasiado tarde, ya se ha convertido en su objetivo vital, aunque uno llega a dudar durante el film si el anciano de pelo alborotado y barba de cinco días también no sabe que aquel billete es publicidad engañosa sin ningún valor. Pero qué importa. Se aferra a ello, es su motivo para seguir viviendo. Así lo dice su propio hijo (Will Forte) que al darse cuenta se siente empujado a acompañar a su anciano padre en ese loco viaje intrageneracional, mano a mano, a lo Paradise y Moriarty. Y de nuevo una duda: ¿Quién de los dos necesita más de ese viaje?  El marchar como redención, como escapatoria de la incomoda realidad, como búsqueda de las raíces. Concepto muy manido pero plasmado de forma acertadísima en esta película de Payne.

Más de 2000 km hasta la fría Nebraska, tierra prometida para el viejo y auténtico faro de este aparentemente inútil viaje. En medio del camino, como las sirenas que amenazan a Ulises, el antiguo pueblo de los padres, Hawthorne. Allí está el origen, los familiares que se convirtieron hace tiempo en desconocidos y los amigos de la infancia que se tornaron en temibles enemigos. Entre tabernas de pueblo, donde los hombre empezaban a beber con apenas 15 años. “Aquí no hay otra cosa que hacer”, como argumenta una antigua novia del padre. Y al fin, el hijo que descubre al padre, lejos de casa y por boca de desconocidos.

Y todo parte de esa pregunta inicial del policía que rompe el silencio del film.  El anciano tras unos segundos responde: “Vengo de allí (señalando atrás) y voy hacía allí (señalando al infinito)”. Ni sabe muy bien de dónde viene ni hacía qué lugar se dirige. Como nos pasa a todos, vamos. 

Gorka Ellakuría

Derby vintage

El derby madrileño fue un extraño espejismo del fútbol de antaño. Cuando se consideraba carga legal a empujones capaces de descalabrar a un toro y las tarjetas amarillas eran el último recurso del colegiado cuando la agresividad rozaba la violencia. En mi memoria, los últimos 80 y primeros 90. Aunque seguramente aquella manera de jugar partía de los orígenes del fútbol (1872), deporte inglés, gestado en las mismas tierras donde antes nació el boxeo (1743) y el rugby (1871). 

Lo que algunos tildan de permisividad arbitral como algo negativo a otros nos causa un autentico gozo. Que el ritmo no pare. Las peleas dentro del área de Costa y Sergio Ramos, la dureza de Pepe y Godín, o el imperialista juego de Xavi Alonso. Todo tan bello. Incluso las tácticas lazarilleras de Pepe y Costa para engañar al arbitro son actos sublimes, sobre todo teniendo en cuenta que saben que hay cien cámaras dando fe de su treta.

El empate fue una victoria para ambos. Para el Madrid porque se mantiene arriba y se sabe el más fuerte. Los atléticos comprobaron que la fe en esa pseudo-religión denominada Cholismo les sirve al menos para empatar contra el equipo más fuerte de Europa,  que no es poca cosa. Aunque después de 14 años sigan sin ganar a los blancos en su casa. Pero ahora el Atlético vuelve a estar entre los grandes, y sus derrotas se producen en las alturas, como las de Di Caprio en los Oscars. Quedaron atrás los añitos en el infierno. Ni siquiera escuece ya el recuerdo inevitable que se viene al ver al Mono Burgos por los banquillos del Calderón. Ejerce ya de abuelo cenizo que se empeña en recordar lo mal que lo pasaron en el pasado, inofensivo al fin.

Lo tiene más crudo el Barça, que ni se encuentra (como el Madrid) ni va sobrado de autoestima (como el Atlético). Los blaugranas siguen perdidos buscando, entre pitidos, el santo grial del “jogo bonito”. Al pobre Martino ya nadie le escucha, por más que les recuerde que aquello que persiguen ya murió, que los tiempos han cambiado y que a los blaugranas sólo les queda reinventarse. 

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Dalí y Barcelona, un divorcio que dura ya 25 años

Existen muchas frases dichas o atribuidas a Salvador Dalí. “El que quiere interesar a los demás tiene que provocarlos”, es una de ellas. Pero 25 años después de su muerte, parece que al genio surrealista lo que le acompaña es un desinterés institucional nada casual. Desaire en Cataluña (exceptuando su Figueras natal y su rincón estival de Cadaqués), pero sobre todo en Barcelona. La realidad es que el pintor ampurdanés es todavía un personaje incomodo. “La izquierda nunca le perdonó su adscripción vaticana y franquista”, señala Josep Massot, periodista cultural y experto en Dalí y Miró. Y añade: “Y el nacionalismo, además de su colaboración con la dictadura, tiene aún presente su pose a favor de una España imperial”.

La efeméride del cuarto de siglo de la muerte del autor, que se cumplió el pasado día 23 de enero, se dibujaba como un momento ideal para Barcelona. Para potenciar la imagen de ciudad cosmopolita y firmar la paz con la memoria de Dalí. Pero de nuevo, silencio institucional. No se fijó en la agenda municipal ningún gran acto en memoria del pintor catalán. Tampoco se bautizó, al fin, una calle, plaza o estación con su nombre. La ciudad sigue adeudando al genio del surrealismo un espacio emblemático en su recuerdo.

 La explicación oficial del Ayuntamiento de Barcelona continua siendo la misma que ha mantenido durante todos estos años. SEGUIR LEYENDO

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El milagro de Santa Coloma

Faltan diez minutos para la misa de 12 y la parroquia San Juan Bautista de Santa Coloma de Gramanet (Barcelona) está casi llena. Por los altavoces se oye cantar a capela al párroco Francesc Espinar, que se detiene y con una media sonrisa dice: “¿Qué pasa, qué hoy no quieren cantar?“. Las señoras ríen. El cura vuelve a empezar. Lo hace con tanta efusividad que se le enrojece la cara. Camina de lado a lado, sobre un altar por el que se mueve como si fuese un escenario.

Hay algo de italiano en su forma de hablar, una especie de reminiscencia de sus años de formación en un pequeño pueblo napolitano. Los bancos de delante están ocupados por mujeres españolas de entre 70 y 80 años. “¿Tu hijo ya ha encontrado trabajo?“, pregunta una. La otra baja la mirada y niega con la cabeza. A un lado, los maridos comentan el tropiezo de liga del Barça contra el Valencia. Uno lleva el Marca y se queja: “Ay mi Betis, ese si que me hace sufrir”. SEGUIR LEYENDO

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Casillas, con ojos de Rimbaud

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Lo de Casillas es casi nuestra historia de los últimos años. Vivía en la cresta de la ola, se le acabó el mar y acabó por toparse con la arena. Ahora esta con ojos de Rimbaud, melancólico y con el orgullo hecho trizas. Un poco como un parado al que no le llegan ofertas. Su despertar fue Mourinho, que siguiendo con la metáfora sería algo así como la crisis personal del portero blanco. Primero llega sibilino, se instala y al tercer año te destroza (a Casillas y a la imagen del Madrid). Para redondear el drama de Shakespeare nos falta un italiano. Ese es Carleto, hombre de gesto amable, de ceja alta y maestro en el escapismo de problemas. Muy Rajoniano en su manera de entender la vida.

Y ahí sigue Casillas, de protagonista a jugador comparsa. “Para la Copa”, dicen los más desalmados. Los tipos tan grandes como Casillas pasaron una barrera por la que ya no pueden ser segundos. Son reyes o no son.  No me imagino a Pedro J. Ramírez deambulando por El Mundo satisfecho por haber acabado su columna mientras otros manejan el timón. Ya no sirven para la Copa.

A Iker se le ha puesto cara triste y cada día que pasa se habla menos de él. De indiscutible a discutido y de allí a olvidado, a la velocidad del rayo. Mou lo torturó y jugó con él, como también lo hizo con Adán y con Diego López, a los que puso en el disparadero mediático, a modo de chaleco anti-balas para cubrirse de su muy discutible manera de actuar y su pobrísima eficacia (una liga y una copa en tres años).

El portugués se marchó a Londres para afirmar aquello de que él es del Chelsea y del Inter. Pese a ello, aquí, en Madrid, muchos siguen dando palmas a ese entrenador que renegó de madridista y que se cargó a una de las leyendas del club blanco. El infortunio de Casillas es celebrado por algunos blancos, como si no existiera pasado merengue más allá de Mou. Es para ponerse melancólico. 

Gorka Ellakuría

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Cholismo contra la crisis

Cholismo

Salió Simeone antes del partido de Liga frente al Barça y dijo aquello de que eran el equipo del pueblo. Lo que en otro entrenador de otro equipo hubiese sido populismo barato, fue un momento (casi) místico. Reafirmó entonces algo que muchos intuíamos y deseábamos secretamente. El Cholo renunció a ser el último de los grandes y optó por tirar del carro de los diecisiete equipos restantes. El de los pobres. Un grupo lleno de deudas, desahucios, dimisiones, ansiedades y alguna que otra depresión. En la línea de lo que está viviendo el país. La vida del Madrid y del Barça, en cambio, continua siendo como la de los Blesa y cia, en sus tiempos en los que se creían los Lobos de Wall Street españoles: vida chulesca, cínica y tremendamente ostentosa; pornográfica pura.

El filosofo alemán G.W.F. Hegel afirmó que: “Sin pasión nada grande se ha llevado a cabo ni podrá llevarse.” En esa frase está la clave del éxito de este Cholismo que va camino de convertirse en un autentico movimiento social. Un tremendo chute anímico en una época de Orfidal y Prozak .

Los medios afines a los dos grandes lo miran como un capricho de pobre y nos machacan con esa cenizada de que sin rotaciones el Atleti se quedará sin fuerzas para pelear la liga. El discurso parece haber calado en la gente, y se repite por infinidad de voceros de barra de bar. Lo dicen pero no desean que sea así. Se puede ver en sus caras. El Cholo nos ha recordado que no siempre ganan los mismos, y no hablo sólo de fútbol.

Costa, Villa, Arda, Miranda, Gabi, Raúl García, Godín... Frente a las estrellas de los dos grandes estos tipos parecen arapientos vaqueros de vuelta de todo. Son El Grupo Salvaje de la Liga. Sin nada que perder. El sueño sigue mientras permanezcan arriba, en la pelea. El partido a partido de toda la vida, que en este Atleti tiene poco de topicazo.Un día llegarán a México, como en la peli de Sam Peckinpah, y todo se habrá acabado. Pero por favor, entonces, no escuchen a los que digan que ya lo decían, ni olviden tampoco lo bonito que está siendo el camino. 

Gorka Ellakuría

*Publicado antes en El Cotidiano