Nebraska, tierra prometida

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Primera escena. Un viejo, que a duras penas se aguanta en pie, camina junto a una carretera hasta que un coche de policía lo detiene. El agente le pregunta que a dónde va y de dónde viene. Dos cuestiones lanzadas sin más, pero que desde la butaca del cine impactan como lo que son: los dos grandes interrogantes de la vida de todo hombre. Así, con ese momento veladamente trascendente, arranca la extraordinaria película Nebraska (2013). Rodada por Alexander Payne (Los descendientes, Entre copas…) y desde el pasado sábado, nuevo largometraje víctima (y ya son centenares) de las injusticias de los premios Oscars. 

Payne, nacido curiosamente en el estado de Nebraska en 1961, se sirve de la carretera como cordón umbilical entre el pasado y el presente de la vida de los protagonistas. De nuevo una historia con tintes existencialistas, lo que es ya una constante en su carrera como director. Es Nebraska el más brillante trabajo de Payne, además de una road movie al uso, grabada en blanco y negro, los colores del asfalto.

La película se mueve tan lento como conduce uno de los protagonistas, pero huye del bostezo gracias a la antológica interpretación de Bruce Dern (1936) de un anciano a medio camino entre la senilidad y el alcoholismo lúcido. La mirada se lleva gran parte del peso interpretativo, por como transmite la obcecación del viejo por recoger ese premio de un millón de dólares, pese a que todo el mundo le advierte de que es un timo. Demasiado tarde, ya se ha convertido en su objetivo vital, aunque uno llega a dudar durante el film si el anciano de pelo alborotado y barba de cinco días también no sabe que aquel billete es publicidad engañosa sin ningún valor. Pero qué importa. Se aferra a ello, es su motivo para seguir viviendo. Así lo dice su propio hijo (Will Forte) que al darse cuenta se siente empujado a acompañar a su anciano padre en ese loco viaje intrageneracional, mano a mano, a lo Paradise y Moriarty. Y de nuevo una duda: ¿Quién de los dos necesita más de ese viaje?  El marchar como redención, como escapatoria de la incomoda realidad, como búsqueda de las raíces. Concepto muy manido pero plasmado de forma acertadísima en esta película de Payne.

Más de 2000 km hasta la fría Nebraska, tierra prometida para el viejo y auténtico faro de este aparentemente inútil viaje. En medio del camino, como las sirenas que amenazan a Ulises, el antiguo pueblo de los padres, Hawthorne. Allí está el origen, los familiares que se convirtieron hace tiempo en desconocidos y los amigos de la infancia que se tornaron en temibles enemigos. Entre tabernas de pueblo, donde los hombre empezaban a beber con apenas 15 años. “Aquí no hay otra cosa que hacer”, como argumenta una antigua novia del padre. Y al fin, el hijo que descubre al padre, lejos de casa y por boca de desconocidos.

Y todo parte de esa pregunta inicial del policía que rompe el silencio del film.  El anciano tras unos segundos responde: “Vengo de allí (señalando atrás) y voy hacía allí (señalando al infinito)”. Ni sabe muy bien de dónde viene ni hacía qué lugar se dirige. Como nos pasa a todos, vamos. 

Gorka Ellakuría

Dalí y Barcelona, un divorcio que dura ya 25 años

Existen muchas frases dichas o atribuidas a Salvador Dalí. “El que quiere interesar a los demás tiene que provocarlos”, es una de ellas. Pero 25 años después de su muerte, parece que al genio surrealista lo que le acompaña es un desinterés institucional nada casual. Desaire en Cataluña (exceptuando su Figueras natal y su rincón estival de Cadaqués), pero sobre todo en Barcelona. La realidad es que el pintor ampurdanés es todavía un personaje incomodo. “La izquierda nunca le perdonó su adscripción vaticana y franquista”, señala Josep Massot, periodista cultural y experto en Dalí y Miró. Y añade: “Y el nacionalismo, además de su colaboración con la dictadura, tiene aún presente su pose a favor de una España imperial”.

La efeméride del cuarto de siglo de la muerte del autor, que se cumplió el pasado día 23 de enero, se dibujaba como un momento ideal para Barcelona. Para potenciar la imagen de ciudad cosmopolita y firmar la paz con la memoria de Dalí. Pero de nuevo, silencio institucional. No se fijó en la agenda municipal ningún gran acto en memoria del pintor catalán. Tampoco se bautizó, al fin, una calle, plaza o estación con su nombre. La ciudad sigue adeudando al genio del surrealismo un espacio emblemático en su recuerdo.

 La explicación oficial del Ayuntamiento de Barcelona continua siendo la misma que ha mantenido durante todos estos años. SEGUIR LEYENDO

Publicado en ZOOMNEWS.es

Muchas veces he…

Muchas veces he advertido que tendemos a atribuir a nuestros amigos una estabilidad similar a la que adquieren en la mente del lector los caracteres literarios. Aunque abramos el Rey Lear montones de veces, nunca encontraremos al buen rey arrojando su escudilla en violenta rebeldía, olvidados todos los pesares, en una alegre reunión con sus tres hijas y sus perros falderos. […] Sean cuales fueren las evoluciones por las que tal o cual personaje popular ha pasado entre las tapas de un libro, su destino está fijado en nuestra mente y, de manera similar, esperamos que nuestros amigos se ajusten a tal o cual molde convencional que hemos acuñado para ellos. Así X nunca compondrá la música inmortal que no armonizaría con las sinfonías de segundo orden a que nos ha habituado. Y nunca cometerá un asesinato. En ninguna circunstancia Z nos traicionará. Lo hemos dispuesto todo en nuestra mente, y cuanto menos vemos a una persona determinada, es tanto más satisfactorio comprobar la obediencia con que se ajusta a nuestra noción de él cada vez que nos llegan noticias suyas. Cualquier desviación del destino que hemos ordenado nos impresionará no sólo por anómala, sino también por su falta de ética. Preferiríamos no haber conocido a nuestro vecino, el vendedor jubilado de salsichas calientes, si un día publica el libro de poesía más importante de su tiempo.

Extracto de Lolita, de Vladimir Nabokov.

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La Barcelona que conoció a Bolaño

La vida de Roberto Bolaño (1953-2003) tuvo distintos escenarios. Santiago de Chile, México D.F., Girona, Blanes, y durante tres años, también Barcelona. «En aquel tiempo yo tenía veinte años y estaba loco. Había perdido un país pero había ganado un sueño», escribió el autor chileno en Perros Románticos, uno de sus poemas sobre su etapa en la capital catalana. Llegó en 1977, cuando para muchos jóvenes sudamericanos Barcelona había sustituido a París como destino soñado. Todo era más barato que en la capital francesa, el idioma era el mismo y llegaban a una España que dejaba atrás una dictadura militar, mientras que en países como Chile, Argentina o Uruguay no habían hecho más que empezar.

Bolaño, en la terraza del bar Universitari de Barcelona

El Bolaño de Barcelona tuvo un gran vínculo con el barrio del Raval. Durante su primer año en España vivió en el número 45 de la calle Tallers, en la cuarta planta de un antiguo convento. Su piso apenas tenía 25 metros cuadrados y el baño lo compartía con el resto de vecinos de rellano. Tenía dos ventanas que daban a otro bloque de pisos idéntico, separado por un camino adoquinado con la amplitud idónea para que en un pasado, aún más lejano, pudieran entrar los carruajes. «Su casa era muy humilde. No sé cómo podía vivir allí», explica Martín Fernández, vecino por aquel entonces de Bolaño. Recuerda que el escritor, que entonces tenía 24 años, fumaba tabaco constantemente, aunque reconoce que no tuvo gran relación con él: «Era serio. A veces saludaba y otras no». En aquella época aún no había portero automático y la verja que separaba el pasaje del antiguo convento y la calle Tallers permanecía cerrada. Era un impedimento que quienes lo iban a visitar a salvaban gritando: «¡Roberto!», para que éste bajara.

Entonces, el joven de mirada miope y pelo alborotado, se encontraba con alguno de sus amigos: el escritor barcelonés A. G. Porta, los poetas Bruno Montané y Xavier Sabater, Álvaro Montané o Inma Marcos, entre otros. Se reunían en los futbolines que había en Tallers 39. Allí hablaban sobre poesía, jugaban al futbolín, o echaban una peseta en el millón del local —en la mayoría de sitios costaba cinco pesetas. Eran los últimos 70 y a muchos sitios ya habían llegado los juegos de «marcianitos». Sus amigos recuerdan que ése era el juego preferido del joven Bolaño. Frente a los futbolines estaba, y sigue estando, el bar Cèntric. Un local de estilo modernista que hace meses que no abre la persiana. Según cuenta un vecino, el negocio lo han traspasado y los nuevos dueños pretenden hacer una cervecería de época. Aquél era uno de los sitios donde se podía ver al chileno tomando un café, en las ocasiones en que se podía permitir tomar algo.

El que apenas ha cambiado es el café Parisienne, también en Tallers. En aquel lugar había una gramola con la que el grupo de amigos obligaba al resto de clientes a escuchar algo de Jimmy Hendrix o de The Alan Parsons Project. Aunque la verdadera debilidad musical de Bolaño era Patty Smith. Años después, cuando el escritor hacía siete años que había fallecido y ya se había convertido en un fenómeno literario en los EE.UU, la cantante de Chicago se declaró admiradora de las obras del chileno. «Leer a Bolaño ha sido una revelación para mí», confesó Smith en 2010.

Amigos de su época de Barcelona recuerdan que el autor de Los detectives salvajes solía dar largos paseos por las calles de la ciudad. Lo hacía cuando su obsesión por escribir o cuando los múltiples y precarios trabajos que ejerció le dejaban algo de tiempo libre. Por el camino se paraba en la antigua Bodega de la calle Fortuny, en el Estudiantil de la plaza Universitat o iba a las sesiones doble del cine Cèntric, que estaba en la calle Peu de la Creu, donde ahora está la sede de una conocida editorial. 
Más tarde se trasladaría a vivir con su hermana, su madre y la pareja de ésta, a un edificio de estilo modernista situado en Gran Vía 399, próximo a la plaza España. Entonces le salió un trabajo de vigilante en el camping La Estrella de Mar, y tuvo que desplazarse a diario hasta Castelldefels.

En 1980 se fue a vivir a Girona y no volvió a instalarse en la capital catalana. Se marchó habiendo escrito ya una primera versión de su novela Amberes, donde habla de una ciudad condal en la que: «Los polis están cansados, hay escasez de gasolina y miles de jóvenes desempleados dando vueltas por Barcelona».

A pesar del poco tiempo que Bolaño vivió en Barcelona, la ciudad se hizo un hueco en su mundo literario. Las novelas y poemas del chileno cuentan con numerosas referencias a la época en que vivía en la calle Tallers o en la Gran Vía. Barcelona es un elemento más del «universo Bolaño»: aquél en que la ficción se mezcla con los lugares y personas que pasaron por la vida del escritor. >>Gorka Ellakuría

También publicado en Culturamas

 

“La popularidad fosiliza al artista”

>Gorka Ellakuría

Ops, Ubú o El Roto son algunos de los pseudónimos del dibujante de viñetas y pintor Andrés Rábago (Madrid, 1947). Su carrera como ilustrador se inició hace tres décadas, y desde hace unos años publica sus viñetas críticas y reflexivas en el diario el País. El Centro de arte Tecla de l’Hospitalet de Llobregat expone hasta el próximo 24 de febrero ‘Un viaje de mil demonios (y un par de ángeles)’, la mayor retrospectiva realizada sobre los dibujos y pinturas originales del autor madrileño. Más de 185 obras entre las que se encuentran alguno de los dibujos de sus inicios hasta sus viñetas más críticas con la situación actual.

“La selección la he hecho yo y creo que está muy bien” me dice al teléfono Rábago. En seguida puntualiza: “No quiero ser pedante eh”. Su voz y lo que dice, no suena como tal.  Habla lento y con cariño. Este dibujante de viñetas de trazo limpio, y escasas en palabras pero cargadas de intención, se convirtió en uno de los autores de cabecera del movimiento del 15-M. Un autor con 30 años de carrera que logró conectar con las demandas de parte de los jóvenes españoles de una generación muy lejana a la suya. “Los tiempos históricos son muy lentos y muy largos, la superficie cambia velozmente pero lo profundo no varia tanto”, explica El Roto para justificar su vigencia. “Desde mis inicios en Hermano Lobo he sentido esta conexión con la gente, y no me refiero a política”.

El Roto comenzó como dibujante satírico en 1968, colaborando con las publicaciones críticas con la dictadura y ocultando su identidad bajo el sobrenombre de OPS. Desde entonces ha escondido su nombre con distintos alias, dando esquinazo también a la fama. “La popularidad la conocí de joven y siempre la he intentado evitar porque me parece un lastre para el artista. Si te conocen pasas a depender de la imagen que quieren de ti. Eso te fosiliza y te impide cambiar” me explica serio. Tras un parón que al teléfono se hace eterno, ríe y añade: “Además, en la sátira hay tradición de utilizar seudónimos”.

Hoy en día si se menciona a “El Roto” son pocos los que no lo conocen, mientras que el verdadero nombre del autor, el que utiliza para presentarse como pintor, es casi desconocido. La prolífica obra de Rábago, de la que me asegura “siento que no son sólo míos, sino también del resto”, ha aparecido en distintas publicaciones como La Estafeta Literaria, Pueblo, El Independiente, Ajo Blanco, Tótem y en diversos diarios como Diario 16, Informaciones, Pueblo, El Periódico de Catalunya, y más recientemente, en el País.

30 años disparando con bala recogidos en una exposición que seguro que hace las delicias de los seguidores de toda la vida o los últimos en enrolarse en el extenso grupo que admira la obra del autor madrileño.

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La España de Berlanga

El humor inglés está sobrevalorado. Nada tiene que hacer con nuestras disparatas historias. La última de nuestras obras maestras del humor es la de la restauración “Munchniana” de una  octogenaria aragonesa. Tan brillante que parece una historia inédita de Berlanga guardada hasta hoy. Tras la polémica  la restauradora se defendió: “El cura lo sabía”.

http://cultura.elpais.com/cultura/2012/08/22/actualidad/1345648099_215533.html

Cuadro tras la restuaración

“No quiero ser sólo el tenor de moda”

Gorka Ellakuría

>Publicado en EL PAÍS, el 22/08/2012<

Se llama Jonas Kaufmann y es la última sensación de la ópera. Reconocido por tener una voz versátil, capaz de interpretar piezas operísticas de muy distinta frecuencia, también es admirado por su vis dramática difícil de encontrar en otros tenores del momento. Su físico, más cercano al de un modelo italiano que al de un tenor alemán de 43 años, también ha contribuido a que sea ahora mismo el cantante de ópera más deseado del momento. Es tal su éxito que ya tiene concertadas todas sus actuaciones de aquí a cinco años. Será el protagonista de algunas de las óperas que ofrecerán los teatros líricos más importantes del mundo. Antes de eso, hoy pondrá con su primera gala lírica el broche de oro al festival Castell de Peralada.

El éxito efímero parece ser uno de los temores del solista germano. Por eso se esfuerza en huir de la etiqueta de tenor de moda. “Quiero ir paso a paso. Mi deseo no es ser el tenor del momento, sino ser un intérprete de larga trayectoria”, dice Kaufmann con semblante serio. Es la primera vez que se pone solemne durante el encuentro con los medios tras aterrizar en Barcelona procedente de Salzburgo, donde había actuado en el prestigioso festival de la ciudad austriaca. Antes, y después de abordar el tema de su éxito, todo fueron buenas maneras, gestos humildes y sonrisas (con corrector bucal, por cierto).

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El tenor alemán Jonás Kaufmann/ Foto: bloggersopera.com

Cuando el último plato se lanzaba al mar

>Gorka Ellakuría

En la madrugada del 15 de abril de 1912, la sueca Gerda Lindell murió congelada tras intentar alcanzar un bote salvavidas. El Titanic se estaba hundiendo, y Gerda y su marido Edvard saltaron al mar Atlántico y nadaron hasta una de las barcas. Al llegar, uno de los supervivientes les ayudó a subir, pero al coger la mano de la mujer vio que ésta ya había fallecido. De ella se logró conservar el anillo que se desprendió de su dedo índice cuando la trataron de salvar.

Con el hundimiento del Titanic también se perdió el rastro del joven alemán Alfred Nourney, que durante el viaje explicó a todo el que conocía que viajaba para ver a los indios. En realidad, su familia lo había enviado un tiempo a Nueva York después de embarazar a una de las criadas.

Entre las trágicas historias también figura la de la joven pareja española de recién casados Víctor y María Peñasco. Para culminar su luna de miel, el matrimonio decidió visitar Nueva York y reservó dos billetes en primera en el Titanic. Antes, los jóvenes descendientes de dos de las familias más ricas de Madrid habían recorrido durante un año gran parte de Europa. Como la madre del chico no quería que se embarcaran, la pareja ideó una estrategia para engañarla. Le pidieron a su mayordomo que enviara cartas desde París a la madre de Víctor haciéndose pasar por su hijo. Del hundimiento sólo se salvó María. Según cuentan, el mayordomo, que no fue avisado hasta mucho más tarde, continuó enviando durante un tiempo las cartas supuestamente escritas por Víctor.

El marido de Gerda, la joven viuda María Peñasco y el resto de los 710 supervivientes fueron rescatados por el barco Carpathia, buque de la compañía rival. Días después, el Carpathia llegó a Nueva York siguiendo el mismo trayecto del Titanic.

El Titanic, cuando aún navegaba

El anillo y la historia de Gerda o la de Alfred, junto a muchos otros objetos e historias se pueden ver en Titanic: The Exhibition, que desde el 23 de marzo está expuesta en el Museu Marítim de Barcelona. Además, la recreación de una habitación de tercera clase o  la de  un pasillo de primera por la que los visitantes pueden imaginar recorrer parte del Titanic, como también las maquetas del barco o el bloque de hielo verdadero que simula un iceberg; hacen de la exposición un verdadero viaje en el tiempo.

Entre los objetos que se pueden ver hay un plato de postre que fue encontrado en 1981 entre las redes de un pesquero español que faenaba en aguas irlandesas. Uno de los marineros le regaló el plato a su hijo pequeño, a su vuelta a La Coruña. 22 años después, en 2003, y cuando Titanic: The Exhibition estaba expuesto en la ciudad gallega, un joven llamado Antonio Varela, reconoció el símbolo de la ya desaparecida compañía naviera propietaria del Titanic, White Star Line. Era el mismo emblema que figuraba en el plato en el que había comido tantas veces desde que era pequeño, y que guardaba como un tesoro del mar encontrado por su padre. “Seguramente fue lanzado por la borda por uno de los tripulantes encargado de lavar los platos. Por aquel entonces, los encargados de cocina tenían por costumbre lanzar al mar el último de los platos que estaban fregando” explica Luis Ferreiro, director de Musealia, creadora de la exposición.

Tras ser analizado en EE.UU. no se pudo asegurar que fuera del Titanic, pero si se comprobó que pertenecía a la vajilla de tercera clase de uno de los tres barcos gemelos: el Olimpia, el Titanic o el Britannic. Los tres trasatlánticos utilizaban una vajilla idéntica diferenciada con un sello en la base. Pero ese sello, quizá por la sal del mar o por el paso del tiempo, acabó por borrarse.

Plato encontrado por el pesquero español en 1981

Además del plato, España tiene bastante vinculación con el mítico buque. En él viajaron, además de los Peñasco, siete pasajeros y un tripulante español, la sede de la compañía creadora del Titanic es hoy en día la embajada española en el Reino Unido y la exposición es una obra de la compañía española Musealia. Antes de Barcelona, donde ya estuvo en 2004, la muestra se pudo ver en Copenhague (Dinamarca), Estocolmo (Suecia) Berlín (Alemania) y en Madrid y en La Coruña, entre otros.

Hoy en día la historia del trasatlántico sigue levantando una gran expectación. En los meses que Titanic: The Exhibition lleva expuesto en Barcelona ha sido visitado por más de 100.000 personas. Como a veces ocurre, su tragedia lo convirtió en leyenda. El 15 de abril de 1912, el Titanic colisionó con un iceberg y se hundió en el Atlántico. Aquel día murieron 1.514 personas, y el nombre del buque y su corta existencia se hicieron un hueco en la historia contemporánea.

El próximo 30 de septiembre la exposición se traslada a Sevilla. Pero antes el visitante 110.000 de Barcelona, premiado con un viaje a Nueva York, habrá realizado, 100 años después,  el viaje que el Titanic jamás pudo completar.

Publicado el 12-08-12 en el País bajo el título Anillos, platos y mentiras.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El electro-jazz germano aturde el CaixaForum

>Gorka Ellakuría

Una batería tocada con aparente monotonía y un sintetizador que emitía repetidamente sonidos africanos llenaron ayer el patio de la entrada del Caixa Fórum de Barcelona. La actuación de Jaki Liebezeit y Burnt Friedman dio comienzo al ciclo de conciertos gratuitos “Avant-Jazz”.

El grupo, formado por Liebezeit, ex batería del grupo alemán Can y compañero de escenario del legendario trompetista Chet Baker, y Friedman, una de las figuras de la electrónica alemana atrajo a fanáticos del Jazz, jóvenes seguidores de la música electrónica alemana, pero también a personas de avanzada edad y a madres con niños que al salir de alguna de las exposiciones se quedaron para ver el concierto.

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Liebezeit & Friedman

Celebrar que se sigue con vida

>Gorka Ellakuría

Un local que ha estado cerrado durante dos meses, aunque sea por un tema de licencias, debe celebrar su reapertura a lo grande. Y más en los tiempos que corren en los que uno teme pasear y descubrir que aquel bar de menú o que aquella librería de la esquina han bajado la persiana para no volver a abrir.

En su reinauguración, el Slow (París, 186) se llenó de amigos y se sirvieron “cocktails”  a cuenta de la casa. La renacida cocktelería podrá abrir hasta las seis de la mañana. Salvo su nuevo horario, todo sigue igual. Su larga barra de madera sigue en pie, dispuesta a soportar el codo y las conversaciones nocturnas de policías de paisano, escritores que renunciaron a escribir,  periodistas taciturnos y  yuppies que dejaron el Saab aparcado para moverse en bicicletas de diseño.  La decoración del local sigue siendo la misma: Papel de pared gris floreado, cortinas de terciopelo granate y una gran estantería iluminada repleta de botellas de whisky y de ginebra.

Por suerte los cocktails de Paco Bretau y de Francesc Galera tampoco han cambiado. Continúan siendo elaborados y generosos con el alcohol. Se agradece que siga siendo una cocktelería y no haya caído en modas pasajeras como la del Gin-tonic más hamburguesa.

En la planta de arriba, el Slow tiene una amplia sala de baile iluminada por unos paneles  de luces Lead al más puro estilo Daft Punk. Su pista de baile y su equipo de disc-jockey ya lo querrían para sí muchas discotecas de la ciudad. La novedad es que entre semana se podrán ver actuaciones en directo de todo tipo de música, desde Jazz hasta Rock alternativo. La banda de rock Malditos Roedores fueron los primeros en sonar en directo. Después, el disc-jockey se encargó de pinchar clásicos del rock de los 60 y 70 hasta las seis de la mañana. Fue entonces cuando se acabó la fiesta.

Ahora al Slow le toca recuperar el tiempo perdido y hacerse de nuevo con un hueco entre las decenas de cocktelerías de la ciudad.  Lo que es indudable, es que esta Barcelona postolímpica, preocupada en contentar a los turistas madrugadores y que parece dormitar de noche, cuenta de nuevo, con otro sitio para aquellos que se niegan a pensar que sólo se vive de día

Barra de la cocktelería Slow, c/ París 186, Barcelona

Vuelven “Els Polseres”

  • Desde hace una semana se está grabando la segunda temporada de la serie catalana “Polseres Vermelles”

    Siguiendo un largo y estrecho camino hasta llegar al punto más alto de Cabrils (Barcelona), llegamos a un hospital abandonado en el que se rueda la segunda temporada de Polseres Vermelles. Lo que antaño fue un centro de una mutua privada, donde algunos afortunados se retiraban para recuperarse entre la naturaleza, es ahora un mole de hormigón amarillento acechada por la vegetación, que tapa ventanas y se cuela por cualquier brecha. Han sido muy largos estos dos años de impasse entre el rodaje de la primera temporada y el de la segunda. Durante este tiempo no sólo han crecido los hierbajos y las humedades, sino que los actores han dejado de ser niños para convertirse en adolescentes y los espectadores somos, irremediablemente, dos años más viejos. La propia serie ha madurado, como si su vida corriera al mismo tiempo que el de sus protagonistas. No es nada nuevo, las películas de la saga Harry Potter , por ejemplo, ya explotaron esta fórmula.

    “Es diferente la consciencia de la enfermedad de un adolescente que la de un niño. Si reflejáramos ahora la enfermedad, tal y como lo hicimos en la primera temporada, cuando aún eran niños, nos quedaría un historia muy frívola” explica el director Pol Freixa.

    Al parecer, la serie será más adulta y más dura. Un cambio de rumbo que no debería ser drástico. En una temporada la serie ha superado con creces el mejor de los sueños que pudieran haber tenido el director o su guionista Albert Espinosa. Después de arrasar en TV3, llegó la prueba de fuego. ¿Funcionaría una serie hecha en catalán, doblada al castellano pero con referencias muy locales (música, nombres de los personajes..) en el prime time de una cadena nacional? En la primera emisión de dos capítulos se despejaron todas las dudas. Logró tres millones de espectadores, una cifra más propia de la época pre-TDT, cuándo los canales se podían contar con los dedos de una mano. “Siempre soñé con estrenar una serie que se pudiera ver en todo España, y con “Polseres Vermelles” al final lo he conseguido”, explica, un tanto emocionado, el guionista de la serie Albert Espinosa. Por si fuera poco, la serie se ha vendido a cadenas de Francia, Italia, Méjico, Corea y al canal ABC de Estados Unidos.

    Una hora antes del rodaje, los pasillos del hospital ya están abarrotados de técnicos de sonido, cámaras, chicos con cables en la mano y maquilladores; mientras, los Roc, “LLeó”, Cristina o Jordi charlan y bromean como amigos de escuela esperando para entrar en clase. Antes de cada temporada, los jóvenes actores de “Polseres Vermelles” pasan una semana en una casa rural a modo de colonias. Es una técnica utilizada por el director para lograr crear lazos de amistad entre ellos que inconscientemente son captados por el espectador y que hacen que las tramas sean más creíbles.

    Momentos, que algún día serán recuerdos de juventud, de los “que marcan”, como dice Espinosa. El director, los guionistas y los actores parecen estar en un permanente campamento de verano. Quizá sea ese el éxito de la serie.

    Gorka Ellakuría

     

     

     

La pasarela 080 premia la mesura

Hay muchas maneras de recibir un premio, y una de ellas es con desconcierto. Así, con la cabeza gacha y con la sorpresa aún en sus caras, fue como el joven dúo de creadores Daniel Martínez y Arturo Lierah recogieron ayer el premio 080 Barcelona Fashion de la edición de verano.

http://ccaa.elpais.com/ccaa/2012/07/13/catalunya/1342167524_495473.html