Con los puños en la masa

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Estuvo a punto de competir en las olimpiadas de Atlanta 1996, pero un accidente lo apartó del boxeo y del sueño olímpico. Derrotado, Fabián Martín supo reinventarse hasta convertirse en campeón del mundo de pizzas. Hoy tiene cuatro restaurantes y planea abrir un negocio en Nueva York. 

Habla del futuro con cautela. Se niega a bajar los brazos, como si se cubriera la cara ante un poderoso contrincante invisible. Fabián Martín, campeón del mundo de pizzas, exboxeador profesional y famoso restaurador barcelonés asegura que casi todo en la vida le ha llegado por casualidad. “Ni celebré mucho los premios, por si acaso”, cuenta él mismo.  El miedo a lo que vendrá está presente en la mirada de un hombre que ha conocido los caprichosos giros del destino. Su cara apenas revela su pasado de púgil, más allá de una nariz hundida a lo De Niro y un pequeño hoyo en el pómulo que sólo aparece cuando el cocinero sonríe. Sus manos son menos fieles y le delatan, pues cuando habla las mueve como solo lo haría un boxeador.

Acostumbrado a perder contra la mala suerte, el 3 de marzo de 2007, Fabián logró noquear a la sombra que no le dejaba triunfar. Aquel día se proclama campeón del mundo de pizzas. La victoria de su vida la cuenta en directo el mismísimo Matías Prats en el informativo de la noche de Antena 3, en un conexión con Nueva York que abrió el telediario. El ganador habla entonces a cámara con ese acento suyo entre almeriense y francés. El espectador ve a un español convertido en el primer no italiano en ganar este título culinario (ganó también en la modalidad de malabarismo). Lo que desconoce es que están viendo a un tipo al que por primera vez le sonríe la suerte. De ahí a la primera fila mediática. Miles de entrevistas, campañas de publicidad, apariciones en programas de televisión. Hoy, seis años después, cuenta con tres restaurantes en Barcelona y uno en Llívia (Pirineo catalán) y tiene pensado, como proyecto definitivo, abrir una pizzería en Nueva York. Por el camino se embolsó otro campeonato mundial, en 2009 y en Nápoles, la tierra que vio nacer a las pizzas.

Estamos ante el Fabián de hoy. Pero antes hubo otro. Un chico de 26 años que se entrenaba en Madrid con la selección nacional de boxeo. Que estaba preseleccionado para competir en las olimpiadas de Atlanta 1996. Un peso Welter que se había hecho un nombre en Francia y después en España. De la quinta de los Hermanos Trozzo, Charpantier, Castañeda, Guerrero, Faustino Reyes o el Potro de Vallecas.

Publicado en ZOOMNEWS.es

Derby vintage

El derby madrileño fue un extraño espejismo del fútbol de antaño. Cuando se consideraba carga legal a empujones capaces de descalabrar a un toro y las tarjetas amarillas eran el último recurso del colegiado cuando la agresividad rozaba la violencia. En mi memoria, los últimos 80 y primeros 90. Aunque seguramente aquella manera de jugar partía de los orígenes del fútbol (1872), deporte inglés, gestado en las mismas tierras donde antes nació el boxeo (1743) y el rugby (1871). 

Lo que algunos tildan de permisividad arbitral como algo negativo a otros nos causa un autentico gozo. Que el ritmo no pare. Las peleas dentro del área de Costa y Sergio Ramos, la dureza de Pepe y Godín, o el imperialista juego de Xavi Alonso. Todo tan bello. Incluso las tácticas lazarilleras de Pepe y Costa para engañar al arbitro son actos sublimes, sobre todo teniendo en cuenta que saben que hay cien cámaras dando fe de su treta.

El empate fue una victoria para ambos. Para el Madrid porque se mantiene arriba y se sabe el más fuerte. Los atléticos comprobaron que la fe en esa pseudo-religión denominada Cholismo les sirve al menos para empatar contra el equipo más fuerte de Europa,  que no es poca cosa. Aunque después de 14 años sigan sin ganar a los blancos en su casa. Pero ahora el Atlético vuelve a estar entre los grandes, y sus derrotas se producen en las alturas, como las de Di Caprio en los Oscars. Quedaron atrás los añitos en el infierno. Ni siquiera escuece ya el recuerdo inevitable que se viene al ver al Mono Burgos por los banquillos del Calderón. Ejerce ya de abuelo cenizo que se empeña en recordar lo mal que lo pasaron en el pasado, inofensivo al fin.

Lo tiene más crudo el Barça, que ni se encuentra (como el Madrid) ni va sobrado de autoestima (como el Atlético). Los blaugranas siguen perdidos buscando, entre pitidos, el santo grial del “jogo bonito”. Al pobre Martino ya nadie le escucha, por más que les recuerde que aquello que persiguen ya murió, que los tiempos han cambiado y que a los blaugranas sólo les queda reinventarse. 

 Publicado antes en El Cotidiano

 

Casillas, con ojos de Rimbaud

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Lo de Casillas es casi nuestra historia de los últimos años. Vivía en la cresta de la ola, se le acabó el mar y acabó por toparse con la arena. Ahora esta con ojos de Rimbaud, melancólico y con el orgullo hecho trizas. Un poco como un parado al que no le llegan ofertas. Su despertar fue Mourinho, que siguiendo con la metáfora sería algo así como la crisis personal del portero blanco. Primero llega sibilino, se instala y al tercer año te destroza (a Casillas y a la imagen del Madrid). Para redondear el drama de Shakespeare nos falta un italiano. Ese es Carleto, hombre de gesto amable, de ceja alta y maestro en el escapismo de problemas. Muy Rajoniano en su manera de entender la vida.

Y ahí sigue Casillas, de protagonista a jugador comparsa. “Para la Copa”, dicen los más desalmados. Los tipos tan grandes como Casillas pasaron una barrera por la que ya no pueden ser segundos. Son reyes o no son.  No me imagino a Pedro J. Ramírez deambulando por El Mundo satisfecho por haber acabado su columna mientras otros manejan el timón. Ya no sirven para la Copa.

A Iker se le ha puesto cara triste y cada día que pasa se habla menos de él. De indiscutible a discutido y de allí a olvidado, a la velocidad del rayo. Mou lo torturó y jugó con él, como también lo hizo con Adán y con Diego López, a los que puso en el disparadero mediático, a modo de chaleco anti-balas para cubrirse de su muy discutible manera de actuar y su pobrísima eficacia (una liga y una copa en tres años).

El portugués se marchó a Londres para afirmar aquello de que él es del Chelsea y del Inter. Pese a ello, aquí, en Madrid, muchos siguen dando palmas a ese entrenador que renegó de madridista y que se cargó a una de las leyendas del club blanco. El infortunio de Casillas es celebrado por algunos blancos, como si no existiera pasado merengue más allá de Mou. Es para ponerse melancólico. 

Gorka Ellakuría

Publicado antes en El Cotidiano

Cholismo contra la crisis

Cholismo

Salió Simeone antes del partido de Liga frente al Barça y dijo aquello de que eran el equipo del pueblo. Lo que en otro entrenador de otro equipo hubiese sido populismo barato, fue un momento (casi) místico. Reafirmó entonces algo que muchos intuíamos y deseábamos secretamente. El Cholo renunció a ser el último de los grandes y optó por tirar del carro de los diecisiete equipos restantes. El de los pobres. Un grupo lleno de deudas, desahucios, dimisiones, ansiedades y alguna que otra depresión. En la línea de lo que está viviendo el país. La vida del Madrid y del Barça, en cambio, continua siendo como la de los Blesa y cia, en sus tiempos en los que se creían los Lobos de Wall Street españoles: vida chulesca, cínica y tremendamente ostentosa; pornográfica pura.

El filosofo alemán G.W.F. Hegel afirmó que: “Sin pasión nada grande se ha llevado a cabo ni podrá llevarse.” En esa frase está la clave del éxito de este Cholismo que va camino de convertirse en un autentico movimiento social. Un tremendo chute anímico en una época de Orfidal y Prozak .

Los medios afines a los dos grandes lo miran como un capricho de pobre y nos machacan con esa cenizada de que sin rotaciones el Atleti se quedará sin fuerzas para pelear la liga. El discurso parece haber calado en la gente, y se repite por infinidad de voceros de barra de bar. Lo dicen pero no desean que sea así. Se puede ver en sus caras. El Cholo nos ha recordado que no siempre ganan los mismos, y no hablo sólo de fútbol.

Costa, Villa, Arda, Miranda, Gabi, Raúl García, Godín... Frente a las estrellas de los dos grandes estos tipos parecen arapientos vaqueros de vuelta de todo. Son El Grupo Salvaje de la Liga. Sin nada que perder. El sueño sigue mientras permanezcan arriba, en la pelea. El partido a partido de toda la vida, que en este Atleti tiene poco de topicazo.Un día llegarán a México, como en la peli de Sam Peckinpah, y todo se habrá acabado. Pero por favor, entonces, no escuchen a los que digan que ya lo decían, ni olviden tampoco lo bonito que está siendo el camino. 

Gorka Ellakuría

*Publicado antes en El Cotidiano

Lance, esto es América

En lo más profundo de la cultura yanki, en la raíz misma del patriotismo de barras y estrellas permanece el recuerdo de los primeros colonizadores. Aquellos granjeros con pistola que Hollywood mitificó y que a diario ponían en juego sus vidas para mantener el ganado, el negocio o aquello tan antiguo y que antes era tan valioso denominado honor. Ciudades llenas de rateros, prostitutas, altivos holandeses – eso no ha cambiado- e irlandeses que llevaban años alimentándose de patata y whisky. Un tiempo en que se mitificaba a ciertos personajes- normalmente los más perversos-, se escribían novelas sobre sus hazañas y los cuentos populares los tomaban como protagonistas. Era una sociedad nueva, un país a estrenar que necesitaba tener sus propias leyendas. La gloria duraba unos años. Al venerado héroe le esperaba una caída sin red. Sin la malla de las manos de aquellos que parecían venerarle y que se suponía que estarían allí eternamente.

Qué se lo digan a Lance Armstrong, el chico bonito de América. Superviviente de un cáncer, siete veces campeón del Tour, marido de una countrygirl, y con una cara de tejano que ni el mismo John Wayne. Un tipo que no se inmutaba subiendo los puertos de montaña más duros de Francia, mientras a sus colegas de profesión se les desfiguraba la cara intentando seguir a aquel rubio que bailaba sobre la bicicleta. Ligero como Mohamed Ali– otra victima de la aún adolescente y puritana Norteamérica-. La lista de destronados es larga y en ella están algunos de los más brillantes “hijos de América”. En un repaso rápido y poco exhaustivo me viene a la mente: Tiger Woods, Michael Jackson, Bill Clinton, Elvis Presley, Marilyn Monroe, Scott Fitzgerald, y el mismo Ali. El puritanismo y la envidia son implacables.

A Amstrong le van a retirar los siete tours que ganó de forma magistral por, según cuentan, haberse dopado. Entre los chivatos está Hincapie, un ciclista que asegura haber tomado “sustancias prohibidas” junto al tejano y obligado por él, pero que nunca pasó de ciclista segundón. Quizá sea el motivo por el que éste y otros ex–compañeros de Armstrong hayan decido ahora, después de casi 10 años, revelar que eran unos tramposos y que el cabecilla de la gran farsa era el tejano. Un tiro a quemarropa y por la espalda, que como la leyenda cuenta, fue el fin de otro mito llamado Jesse James.

Dopado o no, Armstrong dio un recital de ciclismo y de lucha. Fue el mejor  de una generación de oro. La de los Ullrich, Beloki, Heras, Vinokurov, “el Chava” Giménez y el final del gran Pantani. La mayoría de ellos manchados por eso que llaman “dopaje” y  que, curiosamente, tanto interesa a los menos aficionados a este deporte.

La supremacía de Armstrong– porque fue eso- era odiosa para los que soñábamos con un nuevo Indurain y que por momentos pensamos que el relevo estaba en manos de Beloki, Heras o Mayo. Aún más irritante era la adulación de los medios y de las marcas deportivas , que exprimían su pasado de enfermo y su presente de triunfador hasta la última gota. A la cabeza, Nike, que se hizo de oro con el ciclista americano y que le sirvió para colocar su marca en un deporte en el que nunca había encontrado su espacio. La multinacional afincada en Oregón (Portland) y la fundación “Livestrong”, que tanto dinero ha recaudado para los enfermos de cáncer sirviéndose de la imagen de Armstrong, le han dado la espalda como aquellos malos amigos que desaparecen en cuanto las cosas se ponen feas.

A cada desplante estilo judas, a cada acusación contra el corredor, el mito de Armstrong se hace más grande. Lo quiera él o no, ya forma parte de la nómina de poetas malditos. Aquellos que comprasteis la pulserita amarilla y paseabais con ella sin haber visto nunca una etapa de ciclismo, aquellos que estáis pensando en tirarla porque el americano os “ha fallado”; os equivocáis, ahora es cuando deberías lucir con mas orgullo la cinta de goma que puso de moda un paleto que decidió luchar contra su destino de caravana y paternidad adolescente. >>Gorka Ellakuría

El Moisés blanquiazul

>>Gorka Ellakuría

“Cobro 100.000 pesetas al mes”, confesó satisfecho en su primera entrevista a TV3, y el presentador no pudo contener la risa. Se reía de la inocencia y de la humildad de aquel crío llamado Raúl, que apenas tenía 18 años y que todo le venía de nuevo. El chico bajo la mirada, oculta por un entrecejo aún por pulir, y asumió la puñalada a la izquierda de esa burla cruel y clasista. 15 años después, Tamudo se marcharía a probar suerte a la liga mejicana después de convertirse en el máximo goleador de la historia del Espanyol y siendo el catalán con mayor puntería de los más de 100 años de liga. Antes, y a modo de apoteósica despedida, un gol suyo en el descuento salvó al Rayo Vallecano del descenso y del más que probable fin del club del humilde barrio madrileño.

Para el Espanyol Tamudo es una de las figuras más relevantes de su historia. Más allá de sus goles, el de Santa Coloma fue el Moisés en los años más duros de la historia del club. Guía de un equipo que había perdió su casa (Sarrià) y deambulaba por el desierto(Montjuic), marcó el camino hasta el nuevo estadio que devolvía el honor al centenario club barcelonés.

Cuando pienso en Tamudo no me acuerdo del gol a Toni en la primera final de copa, ni de la victoria en la final copera ante el Zaragoza; tampoco el jugadón ante el Sevilla o la vaselina a Casillas. Lo que recuerdo son esas tardes de invierno lluviosas en las que jugábamos en el frío Montjuic (de prestado), en esas temporadas en las que nuestro patrocinador era Dani -porque no había otro-, y en la que nos reuníamos unos 15.000 personas (los fieles de verdad) para ver jugar mal y muy posiblemente perder a nuestro equipo. Tiempos duros en los que pese a todo nos sentiamos felices al ver correr a un Tamudo que se partía la cara durante todo el partido por los mismos colores que nosotros nos empeñabamos en defender en el colegio, en el bar de la universidad, en el trabajo, o en el banco del parque. Años en los que más que nunca se podía sentir lo que verdaderamente significa de ser del Espanyol.

Tamudo celebrando un gol en Montjuic seguido de Zabaleta. Foto: Fuerzaperica.com

Camarón es de otra época

>Gorka Ellakuría

Gana España, a lo grande, casi sin esfuerzo. Antes de que acabe la primera parte ya se oyen vecinos celebrar la victoria y una hora después la fiesta se traslada a la calle. Es el tercer título consecutivo en menos de cuatro años de una generación de futbolistas inigualable que han situado el palmarés de la selección en el lugar que por juego, y por jugadores, debería haber ocupado desde mucho antes.

Celebra que celebrarás, recuerdo el largo camino que los que como yo hemos confiando siempre en la selección, ésta que ahora los modernos llaman “la roja” . Madrugones para ver los partidos del mundial de USA a horas que nunca imaginé que existían, sentado bien cerca de la televisión junto a mi hermano, como hacíamos los niños de antes del plasma. Un sentimiento que nació entonces y que vincularía siempre con la derrota y el infortunio. El ritual de iniciación finalizó de forma trágica. Salinas falló lo que ya no fallamos nunca: un mano a mano ante el portero (Pagliuca) y Luis Enrique salió del campo con la nariz destrozada por un codazo de Tassoti, que sentimos tan brutal e increíble como las ostias que se repartían Son Goku y compañía. Aquella Italia, además, tenía un jugador de dibujos animados llamado Baggio (injustamente olvidado por los obsesos en crear listas de mejores jugadores y demás) que deseábamos que fuera de los nuestros y  al que veneramos en silencio, por miedo a que nos consideraran traidores o chaqueteros.

Ese era el inicio de  aquellos años en que soñamos con ser los más buenos y siempre nos íbamos antes de tiempo. Salió cruz tantas veces como lanzamos la moneda. Como esos países del norte de Europa, que en mal momento, decidieron diseñar su euro prescindiendo de un lado que pudiera diferenciarse como la cara.

Salió cruz en la Euro del 96, en los penaltis ante los ingleses del histriónico Seaman; también en el Mundial de Francia del 98, cuando “Zubi” tocó un centro de Nigeria y se metió el balón en su portería. Una derrota que nos peso como una losa y que nos impidió pasar el grupo de clasificación; Cruz también en la Eurocopa del 2000, cuando Raúl falló el penalti que nos habría puesto por delante de Francia en el partido de cuartos y que nos eliminó con un gol del francés de origen argentino David Trezeguet; Cruz cuando nos tocó el arbitro egipcio que cortó las alas (anuló por fuera el centro de gol de Joaquín, …) de un equipo que jugó como nunca y que fue eliminado injustamente en los penaltis; Fue cruz también la eliminación del grupo de la Euro 2004  en favor de esos dos países que junto a nosotros los más rancios se empeñan en denominar PIGS. Ni Portugal ni Grecia jugaron como nosotros, pero aún así no pasamos; luego vendría el mundial del 2006 y los octavos frente a la Francia de Ribery, aquel tipo con cara de malo que con su gol jubiló para la selección, a Raúl, el ídolo, el mirlo blanco que jamás logró que nuestra suerte cambiara. Si es pesado leer tanta desventura, peor fue vivirlo.

Luego llegó la segunda oportunidad (tras el mundial de 2006) de Luís Aragonés. Aquel viejo loco, hombre del pasado, de la España rural de la que somos herederos, con un proyecto de futuro en esa cabeza que parecía hueca. Le dio estilo a la selección y vio en Xavi y en Casillas a los nuevos lideres que España necesitaba. Ganamos y entendimos muchas cosas. Entendimos cual era el camino, en quien debíamos confiar y el porqué del mote de “el sabio de Hortaleza”.

Acostumbrados a tanto infortunio, resulta difícil celebrar algo que parece tan fácil. Algunos no estamos acostumbrados aún a tanta alegría, y casi nos sentíamos más a gusto en la derrota y la desventura de aquellos equipos quijotescos, de mandíbula prieta y de mala leche en la mirada, que con esta generación de chicos de buenos gestos y dientes de anuncio.Todo tiene un porqué y sin duda es parte del cambio de España, que aún y estando perdida y sin rumbo aparente, avanzó durante 30 años lo que ningún país ha progresado en tan corto plazo. Aquello también fue un record, una gesta de todos que ha permitido que los jóvenes deportista nacieran sin el complejo y el miedo de decir sin ruborizarse el país en el que habían nacido.

Hoy se cumplen 20 años de la muerte del gran Camarón, que cantaba las penas de esa España que parecía maldita y que no se decidía a volar. Hoy, con la resaca de la victoria, cuando pensamos en la selección, esos lamentos parecen exagerados, de otra época.

El opio del pueblo

>Gorka Ellakuría

Es habitual que algunos intelectuales, pseudo-intelectuales o aquellos deseosos de ser considerados personas cultas comulguen con una posición ideológica determinada para reforzar su imagen ante el resto (que antiguamente estos mismo denominaban “el vulgo”). A medida que pasa el  tiempo estas cantinelas van cambiando, pero no son difíciles de detectar para cualquiera que sea un poco “puta”(como decimos en Cataluña).

Aunque la idea haya sido creada por otro, los tipos de los que hablamos la acostumbran a emitir como si fuera de cosecha propia, nacida del genial raciocinio de uno, que por algo es una persona leída. La última moda es volver a pregonar que el fútbol es el opio del pueblo. Ya sea en una barra de bar, en una tertulia política de televisión, en twitter, o en la comida familiar de turno, alguno verá la oportunidad de quedar más inteligente, más sensato que el resto, y tirara de mensaje rancio y manido creyéndose culto y progre. Tanto esfuerzo para llegar a ser, a ojos del resto, lo que un día Butragueño dijo que era Florentino: Un ser superior.

Me pregunto por qué consideran opio al fútbol y no también a: la moda, la política, el cine, la familia, las tragaperras, la poesía, el alcohol, el sexo, la filosofía, los diarios, el trabajo, el propio opio y demás drogas, los coach, los hijos, los sueños, la religión, la bolsa, la televisión, la comida, los coches; los iphone, ipod, ipad y no sé cuantos más, los viajes, la literatura, el gimnasio, internet, el bricolaje, la ropa, las mascotas, y un largo etcétera que nos permiten olvidar, aunque a algunos les duela, que desde que nacemos tenemos activada una cuenta atrás(por decirlo finamente).

El colmo es recriminar a los felices seguidores de la selección española (o griega) que celebren las alegrías que les llegan de la Eurocopa. Algunos incluso parecen deseosos de reprocharnos tal falta de inconsciencia, a poder ser desde un púlpito, sin dejar de recordarnos lo mucho que deberíamos llorar y lamentar, porque no hay futuro para nosotros más allá del duro y nada remunerado trabajo. Demasiado feudal para el siglo XXI.

Como dijo Kurt Cobain: “Es mejor quemarse que apagarse lentamente”. Disfrutemos de lo que podamos.

#Gracias Sara

>Gorka Ellakuría

Desde el inicio de la Eurocopa se empezaron a suceder mensajes en Twitter mofándose de las intervenciones de la periodista Sara Carbonero, encargada de cubrir los partidos a pie de campo para Telecinco. La mayoría de estos tweets (#graciasara) ingeniosos, pero que por cantidad, ha convertido la broma inicial en un movimiento de ensañamiento cruel e irrespetuoso contra la joven periodista. Algunos compañeros de profesión como Ramón Trecet ya han salido en su defensa y ha dicho que estos mensajes son de un sexismo repugnante.  

Seamos justos. Es cierto que sus aportaciones a pie de campo no son brillantes, pero tampoco lo son la de muchos otros periodistas que cubren los partidos para televisión. Para informar de qué  jugadores están calentando o de las reacciones de los entrenadores no hace falta ser un aspirante al Pulitzer o un experto del fútbol.

De nuevo aparece la envidia de muchos frente al éxito de unos pocos. Algo, que por desgracia, es muy habitual en nuestro país. Dicen que está por su “cara bonita”. Y si es cierto, ¿qué importa? Todo el mundo está donde está por alguna razón. Porque vale, porque vende (como Sara Carbonero) o por enchufe, pero siempre hay alguna razón.

La libertad que nos concede la red no debería servir para lapidar públicamente la carrera de nadie, y menos la de una chica que sólo tiene 28 años y no hace tanto que empezó en esto del periodismo.

El compromiso del canterano

Gorka Ellakuría

La traición más dolorosa es la que proviene de tu propia familia. Como el mismísimo Padrino podría afirmar, es en estos casos cuando se debe actuar rápido y desprenderse del  lastre, no vaya a ser que influya en el resto. Para el Espanyol, el núcleo familiar son sus aficionados y los jugadores de la cantera. La negativa de renovar de Javi Márquez y Álvaro es un desplante con sabor a traición. Los pericos sabemos asumir cualquier marcha, pero nos trastorna cuando se trata de un canterano. Es un club que al encontrarse con constantes contrariedades ha hecho una selección natural de sus aficionados (al igual que la de los animales salvajes) y se ha ido formando sólo de los seguidores más fieles. En el Espanyol no hay espacio para la indiferencia: o se está con nosotros o se está contra nosotros. Reconozco que a mí también me dolió la actitud de Márquez y la posición adoptada por Álvaro. Pero pasada la decepción inicial, creo imprescindible desprenderse de ambos, aunque sea a precio de saldo. No nos podemos permitir una actitud así en nuestros jugadores, y menos de los que han salido de la cantera. Aquellos que se han criado vistiendo nuestros colores, que han sido cuidados por el club y que en cuanto han debutado con el primer equipo han recibido el aplauso y el ánimo de una de las aficiones que más se entrega con sus jugadores (especialmente si son de la cantera). Tanto los queremos que pensamos que son estrellas en potencia y muchas veces, cuando salen del club, se demuestra que no es así. Un canterano ha de querer al club, sentirlo como parte de él. El resto de cualidades son un extra, pero no un requisito. Si hemos de subir jugadores del plantel comprometidos pero con menos calidad, hagámoslo. Desconozco si la gestión del club está llevándose como debería. Imagino que no. Ya son muchos renuncios seguidos: Marqués, Osvaldo y ahora Márquez y Álvaro. Pero si es así, y si tanto quieren al club, tendrían que alzar la voz y denunciar aquello que se está haciendo mal. Eso es estar comprometido. Muchos criticaron a Tamudo por no hacer declaraciones. Decían que no merecía el brazalete de capitán por entender que no estaba implicado. Imagino que ya no recuerdan las lágrimas del 23 en su viaje a Glasgow, cuando iba a fichar por el Rangers. Eso es compromiso y no el de ir pregonando lo mucho que se quiere al Espanyol, besar el escudo tras un gol y después querer marcharse a la segunda temporada. Quizá Márquez con aquella buena media temporada suya o Álvaro con sus cinco goles en liga piensen que el equipo blanquiazul les queda pequeño. Yo pienso lo contrario. Ahora, y viendo como han actuado, el Espanyol les queda demasiado grande. Tanto, que ya no tienen espacio aquí. 

Javi Márquez, en la temporada 2010-2011

Las finales de Mourinho

>Gorka Ellakuría

El encuentro del sábado entre el Barça y R. Madrid se está anunciando desde muchos medios como un partido crucial para ambos equipos. Según cuentan, los de Pep Guardiola se juegan mantener el status de los últimos años ,que precisamente, si peligra, es gracias al gran momento del R. Madrid. Mientras, los blancos, afrontan el clásico (apelativo creado por la muy mejorable prensa deportiva actual) con la apremiante necesidad de volver a la senda victoriosa consiguiendo una liga que sería balsámica para el conjunto blanco.

En realidad, ni el futuro del Barça ni el prestigio del R. Madrid depende de un partido. Para quién si va a ser crucial el final de temporada es para José Mourinho. Su peculiar forma de plantear los grandes partidos, su trato con la prensa y los extraños fichajes del portugués, son asumibles, siempre y cuando éste corresponda con títulos.

Para Mourinho, todo depende de este final de temporada. Es un doble o nada. Si gana, será reconocido como el entrenador que devolvió la supremacía a un equipo acostumbrado históricamente a ocupar ese lugar. Si pierde, tendrá que marcharse por la puerta de atrás y surgirán interrogantes con los que habrá de convivir. Dudas como la de la verdadera razón de que la mayoría de jugadores fichados por Mou tienen como representante a Jorge Mendes, representante a su vez del entrenador portugués. O la que sin duda más daño le puede hacer al mister luso. ¿Está preparado el portugués para llevar a equipos de tanta entidad como el Real Madrid? Está última, pondría en peligro el sueño de Mourinho, que según cuentan, es el de sustituir a Ferguson como mister del Manchester United.

A Mourinho le quedan tres manos durísimas que marcaran su futuro en los banquillos. El partido de mañana, la semifinal contra el Bayern de Munich, y la hipotética final de Champions. Pero, ¿quién mejor que el portugués para pelear hasta el final? Él, que está peleado con el mundo desde que nació.

 

José Mourinho, entrenador del Real Madrid

(Las finales de Mourinho)

Hooligans ilustrados

El próximo 23 de Abril la editorial Libros del K.O publica una colección de 5 libros donde distintos “hooligans ilustrados” nos relatan su pasión por sus respectivos equipos de fútbol. Desde Enric Gonzalez hablando de su querido Espanyol hasta Manuel Jabois que nos explica sus vivencias como madridista. Una colección para los verdaderos aficionados del deporte rey.   

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