Derby vintage

El derby madrileño fue un extraño espejismo del fútbol de antaño. Cuando se consideraba carga legal a empujones capaces de descalabrar a un toro y las tarjetas amarillas eran el último recurso del colegiado cuando la agresividad rozaba la violencia. En mi memoria, los últimos 80 y primeros 90. Aunque seguramente aquella manera de jugar partía de los orígenes del fútbol (1872), deporte inglés, gestado en las mismas tierras donde antes nació el boxeo (1743) y el rugby (1871). 

Lo que algunos tildan de permisividad arbitral como algo negativo a otros nos causa un autentico gozo. Que el ritmo no pare. Las peleas dentro del área de Costa y Sergio Ramos, la dureza de Pepe y Godín, o el imperialista juego de Xavi Alonso. Todo tan bello. Incluso las tácticas lazarilleras de Pepe y Costa para engañar al arbitro son actos sublimes, sobre todo teniendo en cuenta que saben que hay cien cámaras dando fe de su treta.

El empate fue una victoria para ambos. Para el Madrid porque se mantiene arriba y se sabe el más fuerte. Los atléticos comprobaron que la fe en esa pseudo-religión denominada Cholismo les sirve al menos para empatar contra el equipo más fuerte de Europa,  que no es poca cosa. Aunque después de 14 años sigan sin ganar a los blancos en su casa. Pero ahora el Atlético vuelve a estar entre los grandes, y sus derrotas se producen en las alturas, como las de Di Caprio en los Oscars. Quedaron atrás los añitos en el infierno. Ni siquiera escuece ya el recuerdo inevitable que se viene al ver al Mono Burgos por los banquillos del Calderón. Ejerce ya de abuelo cenizo que se empeña en recordar lo mal que lo pasaron en el pasado, inofensivo al fin.

Lo tiene más crudo el Barça, que ni se encuentra (como el Madrid) ni va sobrado de autoestima (como el Atlético). Los blaugranas siguen perdidos buscando, entre pitidos, el santo grial del “jogo bonito”. Al pobre Martino ya nadie le escucha, por más que les recuerde que aquello que persiguen ya murió, que los tiempos han cambiado y que a los blaugranas sólo les queda reinventarse. 

 Publicado antes en El Cotidiano

 

Cholismo contra la crisis

Cholismo

Salió Simeone antes del partido de Liga frente al Barça y dijo aquello de que eran el equipo del pueblo. Lo que en otro entrenador de otro equipo hubiese sido populismo barato, fue un momento (casi) místico. Reafirmó entonces algo que muchos intuíamos y deseábamos secretamente. El Cholo renunció a ser el último de los grandes y optó por tirar del carro de los diecisiete equipos restantes. El de los pobres. Un grupo lleno de deudas, desahucios, dimisiones, ansiedades y alguna que otra depresión. En la línea de lo que está viviendo el país. La vida del Madrid y del Barça, en cambio, continua siendo como la de los Blesa y cia, en sus tiempos en los que se creían los Lobos de Wall Street españoles: vida chulesca, cínica y tremendamente ostentosa; pornográfica pura.

El filosofo alemán G.W.F. Hegel afirmó que: “Sin pasión nada grande se ha llevado a cabo ni podrá llevarse.” En esa frase está la clave del éxito de este Cholismo que va camino de convertirse en un autentico movimiento social. Un tremendo chute anímico en una época de Orfidal y Prozak .

Los medios afines a los dos grandes lo miran como un capricho de pobre y nos machacan con esa cenizada de que sin rotaciones el Atleti se quedará sin fuerzas para pelear la liga. El discurso parece haber calado en la gente, y se repite por infinidad de voceros de barra de bar. Lo dicen pero no desean que sea así. Se puede ver en sus caras. El Cholo nos ha recordado que no siempre ganan los mismos, y no hablo sólo de fútbol.

Costa, Villa, Arda, Miranda, Gabi, Raúl García, Godín... Frente a las estrellas de los dos grandes estos tipos parecen arapientos vaqueros de vuelta de todo. Son El Grupo Salvaje de la Liga. Sin nada que perder. El sueño sigue mientras permanezcan arriba, en la pelea. El partido a partido de toda la vida, que en este Atleti tiene poco de topicazo.Un día llegarán a México, como en la peli de Sam Peckinpah, y todo se habrá acabado. Pero por favor, entonces, no escuchen a los que digan que ya lo decían, ni olviden tampoco lo bonito que está siendo el camino. 

Gorka Ellakuría

*Publicado antes en El Cotidiano

Habitación con vistas

La habitación está mal decorada pero limpia. Joan Antoni descorre la cortina y la vuelve a correr. Con suerte su mujer no mirará las vistas y se ahorrará una nueva discusión. Lo cierto es que ella tenía razón, en aquellas fechas y en Santiago iba a ser difícil encontrar una habitación de hotel. Apenas la escuchó; sus  advertencias se habían convertido en rutinarias, habían perdido toda la fuerza que una advertencia requiere para que se considere como tal.

Unas semanas después llegó la gran bronca. No la voy a describir. Quizá les sirva recordar las discusiones entre sus padres o sus abuelos; mejor dicho, imagínense a ella abroncándole a él durante una larga media hora, por no mencionar los comentarios sobre el mismo tema que se cuelan en las siguientes conversaciones hasta dios sabe cuándo. La pareja se tuvo que conformar con aquella habitación a tres kilómetros de Santiago. Por si fuera poco, el hotel estaba junto a las vías del tren. Esto último me lo iba a guardar, pero ya que he empezado, lo cuento todo.

-Pues el baño no está nada mal, dijo ella al poco de llegar.

Entonces oyeron esa tremenda explosión. Miraron por la ventana y él le dijo que iría a la calle a ver qué había pasado; la mujer esperó en la habitación obedientemente. Joan Antoni bajó las escaleras a toda prisa- le parecieron más seguras que el ascensor, después de lo ocurrido- y a medida que se acercaba a la planta baja era más consciente que aquel tren descarrilado, que habían visto desde su habitación, estaría repleto de muertos.  Una vez fuera, y sin saber a dónde ir, se dejó llevar por los vecinos de la zona que, sin mediar palabra, lo cogieron del brazo y lo condujeron a las vías.

Al día siguiente estaban de vuelta en Girona o Barcelona -aunque parezca un narrador omnisciente hay cosas que se me escapan-. Algunos amigos y familiares se instalaron en su salón para que la pareja les explicara lo ocurrido. Habían visto a Joan Antoni sosteniendo a un herido en una fotografía que se publicó en muchos diarios. Él estaba en shock y se explicó de forma vaga, en apenas dos frases. Su mujer tampoco estaba para recibir invitados.

Pero lo cierto es que casi nada de esto pasó. Ni Joan Antoni estuvo allí, ni ayudó a los heridos, ni tuvo que aguantar la macabra curiosidad de sus conocidos. Lo que sí hizo fue dibujar una viñeta en la que se veía una vía retorcida junto a un toro de Osborne y un letrero que decía: Marca España.

Supongamos que lo que he contado hubiese ocurrido-y sé que es mucho suponer- el viñetista Joan Antoni hubiese seguido con sus ideales políticos, sus filias y sus fobias-como todos tenemos-, pero seguro que ni se le hubiese pasado por la cabeza esa indecente viñeta que salió en la web del Punt Avui (29 de julio) y que posteriormente tuvieron que retirar. Esa falta de humanidad se habría aplacado con un hecho traumático. Para solventar otros defectillos del dibujante (como su toque racista que demostró en su viñeta de unos días antes de la del tren y que ilustra el texto), para eso tendría que inventar otra historia, pero el calor aprieta y el personaje no merece tanta atención.

>>Gorka Ellakuría

Viñeta de Joan antoni Poch, publicada el 25 de julio de 2013 en el Punt Avui

Viñeta de Joan antoni Poch, publicada el 25 de julio de 2013 en el Punt Avui.

Una puta pataleta

Sentados en el sofá del salón, los padres le reconocen al niño que aquello de los reyes magos efectivamente es un invento, y que su compañera de clase no mentía. Es la primera decepción de todo niño- salvo que no haya vivido una vida acomodada ni sepa lo que son los Reyes Magos ni Papa Noel, que por otra parte, y por desgracia, es lo que le ocurre a la mayoría de los niños del mundo-. Desde ese momento, el crio de vida cómoda tiene dos formas de asumir las decepciones: Digerirlas o vomitarlas manchando con su decepción a los que le rodean. Es el primer mito caído, y si tienen algo de vista, se darán cuenta que la caída del héroe suele estar intrínsecamente ligada a todo persona de admirar.

Cuanto más alto sea el árbol más ruido hará al caer. El último gran ejemplar en tocar tierra ha sido Armstrong. El mito del chico que venció al cáncer y que superó las barreras de lo humano empezó a tambalearse cuando se le acusó de dopaje. Finalmente cayó el otro día, al reconocer su trampa-casi obligado por la justicia-  ante Oprah, esa versión americana y negra de nuestra Ana Rosa Quintana.

Fue infumable soportar a los que hablaban de Armstrong en su época dorada. Aguantar a los que lo tildaban de héroe, de mito, de personaje único y sobrehumano. El no ser del americano era casi un pecado, y se podía cortar el silencio después de que uno reconociera, cargado de unas copas de más, que su preferido era ese alemán fofo y juerguista llamado Ullrich.

Me sorprende que ahora, en el peor momento del tejano, me sienta como uno de sus mayores defensores, yo que nunca fui muy fan de ese tejano con rictus de chulo de barrio. ¿Dónde están todos aquellos que tanto lo idolatraron?

Leo lo siguiente en Twitter y no dejo de pensar en aquellos críos que no aprendieron nada de la revelación de los Reyes Magos: “La actitud de este drogata, este criminal, este camello, es claramente que lo esta haciendo pq le han pillado. Ni un momento de emoción”.(Ramón Trecet., @Trecet). Bilis por todas partes. Pataleta de un niño malcriado y utópico. Y como este ejemplo, mil. ¿Y que queda ahora,además de convertirse en en muñeco pim pam pum de los moralistas de boquilla? Armstrong es hoy más mito que nunca, porque ahora, al menos, es humano. >>Gorka Ellakuría @Gorkanov

lance armstrong

Lance, esto es América

En lo más profundo de la cultura yanki, en la raíz misma del patriotismo de barras y estrellas permanece el recuerdo de los primeros colonizadores. Aquellos granjeros con pistola que Hollywood mitificó y que a diario ponían en juego sus vidas para mantener el ganado, el negocio o aquello tan antiguo y que antes era tan valioso denominado honor. Ciudades llenas de rateros, prostitutas, altivos holandeses – eso no ha cambiado- e irlandeses que llevaban años alimentándose de patata y whisky. Un tiempo en que se mitificaba a ciertos personajes- normalmente los más perversos-, se escribían novelas sobre sus hazañas y los cuentos populares los tomaban como protagonistas. Era una sociedad nueva, un país a estrenar que necesitaba tener sus propias leyendas. La gloria duraba unos años. Al venerado héroe le esperaba una caída sin red. Sin la malla de las manos de aquellos que parecían venerarle y que se suponía que estarían allí eternamente.

Qué se lo digan a Lance Armstrong, el chico bonito de América. Superviviente de un cáncer, siete veces campeón del Tour, marido de una countrygirl, y con una cara de tejano que ni el mismo John Wayne. Un tipo que no se inmutaba subiendo los puertos de montaña más duros de Francia, mientras a sus colegas de profesión se les desfiguraba la cara intentando seguir a aquel rubio que bailaba sobre la bicicleta. Ligero como Mohamed Ali– otra victima de la aún adolescente y puritana Norteamérica-. La lista de destronados es larga y en ella están algunos de los más brillantes “hijos de América”. En un repaso rápido y poco exhaustivo me viene a la mente: Tiger Woods, Michael Jackson, Bill Clinton, Elvis Presley, Marilyn Monroe, Scott Fitzgerald, y el mismo Ali. El puritanismo y la envidia son implacables.

A Amstrong le van a retirar los siete tours que ganó de forma magistral por, según cuentan, haberse dopado. Entre los chivatos está Hincapie, un ciclista que asegura haber tomado “sustancias prohibidas” junto al tejano y obligado por él, pero que nunca pasó de ciclista segundón. Quizá sea el motivo por el que éste y otros ex–compañeros de Armstrong hayan decido ahora, después de casi 10 años, revelar que eran unos tramposos y que el cabecilla de la gran farsa era el tejano. Un tiro a quemarropa y por la espalda, que como la leyenda cuenta, fue el fin de otro mito llamado Jesse James.

Dopado o no, Armstrong dio un recital de ciclismo y de lucha. Fue el mejor  de una generación de oro. La de los Ullrich, Beloki, Heras, Vinokurov, “el Chava” Giménez y el final del gran Pantani. La mayoría de ellos manchados por eso que llaman “dopaje” y  que, curiosamente, tanto interesa a los menos aficionados a este deporte.

La supremacía de Armstrong– porque fue eso- era odiosa para los que soñábamos con un nuevo Indurain y que por momentos pensamos que el relevo estaba en manos de Beloki, Heras o Mayo. Aún más irritante era la adulación de los medios y de las marcas deportivas , que exprimían su pasado de enfermo y su presente de triunfador hasta la última gota. A la cabeza, Nike, que se hizo de oro con el ciclista americano y que le sirvió para colocar su marca en un deporte en el que nunca había encontrado su espacio. La multinacional afincada en Oregón (Portland) y la fundación “Livestrong”, que tanto dinero ha recaudado para los enfermos de cáncer sirviéndose de la imagen de Armstrong, le han dado la espalda como aquellos malos amigos que desaparecen en cuanto las cosas se ponen feas.

A cada desplante estilo judas, a cada acusación contra el corredor, el mito de Armstrong se hace más grande. Lo quiera él o no, ya forma parte de la nómina de poetas malditos. Aquellos que comprasteis la pulserita amarilla y paseabais con ella sin haber visto nunca una etapa de ciclismo, aquellos que estáis pensando en tirarla porque el americano os “ha fallado”; os equivocáis, ahora es cuando deberías lucir con mas orgullo la cinta de goma que puso de moda un paleto que decidió luchar contra su destino de caravana y paternidad adolescente. >>Gorka Ellakuría

A la derecha le gusta jugar

La crisis tiene dos manos, y ya hace tiempo que aprieta el cuello de los españoles y el aire empieza a escasear. Son las manos del ministro de finanzas alemán agarrando el pescuezo de De Guindos. O las de Artur Mas moviéndose al tiempo que anuncia que en “este momento histórico” lo que toca es remar para conseguir el ansiado Estado propio. La respuesta del PP inmediata y de chiste. Las manos también de Wert , Cospedal o Mayor Oreja arrojando gasolina al fuego catalán.  

Ahora, cuando estamos asfixiados y con pocas fuerzas como para pensar, Oriol Pujol, el de las ITV, el hijo del que en treinta años no quiso o no se le ocurrió que la solución era dejar España, recuerda los relatos de aquella pesadilla llamada franquismo para defender la “necesidad” de emanciparse de nuestros rancios vecinos. Juego de manos. Mientras tanto al PP se le hace la boca agua con la oportunidad que le brindan sus socios -habituales- de Convergència. Ahora lo que importa es qué hacemos con “el problema catalán” mientras nos despedimos de las discusiones sobre el futuro del estado del bienestar, el desplome de la economía española o de aquel pesado seguimiento televisivo de la prima de riesgo.

El juego del olvido también ha surtido efecto aquí. El brillo de Itaca ha borrado del imaginario catalán los polémicos recortes del ahora mesiánico Artur Mas, que hace unos meses tanto polvo levantó o aquel cuento que ya pocos recuerdan titulado “Cas Palau” (Millet, Montull y la sede de CIU embargada por el juez).

Juegos de derechas mientras la izquierda ni las ve venir. Miopes en un partido de tenis. Un juego inofensivo al fin y al cabo. Ni a Convergència le preocupa tanto ser independiente, ni a España (excepto por el tema económico) le quita el sueño, como antes, esta posibilidad. Mientras la tasa de paro no deja de crecer, los jóvenes emigran a otros países en busca de trabajo, los centros sociales se quedan sin recursos y los jubilados mantienen con su exigua pensión al resto de la familia. Entiendan que algunos no estemos para juegos. >>Gorka Ellakuría

El Moisés blanquiazul

>>Gorka Ellakuría

“Cobro 100.000 pesetas al mes”, confesó satisfecho en su primera entrevista a TV3, y el presentador no pudo contener la risa. Se reía de la inocencia y de la humildad de aquel crío llamado Raúl, que apenas tenía 18 años y que todo le venía de nuevo. El chico bajo la mirada, oculta por un entrecejo aún por pulir, y asumió la puñalada a la izquierda de esa burla cruel y clasista. 15 años después, Tamudo se marcharía a probar suerte a la liga mejicana después de convertirse en el máximo goleador de la historia del Espanyol y siendo el catalán con mayor puntería de los más de 100 años de liga. Antes, y a modo de apoteósica despedida, un gol suyo en el descuento salvó al Rayo Vallecano del descenso y del más que probable fin del club del humilde barrio madrileño.

Para el Espanyol Tamudo es una de las figuras más relevantes de su historia. Más allá de sus goles, el de Santa Coloma fue el Moisés en los años más duros de la historia del club. Guía de un equipo que había perdió su casa (Sarrià) y deambulaba por el desierto(Montjuic), marcó el camino hasta el nuevo estadio que devolvía el honor al centenario club barcelonés.

Cuando pienso en Tamudo no me acuerdo del gol a Toni en la primera final de copa, ni de la victoria en la final copera ante el Zaragoza; tampoco el jugadón ante el Sevilla o la vaselina a Casillas. Lo que recuerdo son esas tardes de invierno lluviosas en las que jugábamos en el frío Montjuic (de prestado), en esas temporadas en las que nuestro patrocinador era Dani -porque no había otro-, y en la que nos reuníamos unos 15.000 personas (los fieles de verdad) para ver jugar mal y muy posiblemente perder a nuestro equipo. Tiempos duros en los que pese a todo nos sentiamos felices al ver correr a un Tamudo que se partía la cara durante todo el partido por los mismos colores que nosotros nos empeñabamos en defender en el colegio, en el bar de la universidad, en el trabajo, o en el banco del parque. Años en los que más que nunca se podía sentir lo que verdaderamente significa de ser del Espanyol.

Tamudo celebrando un gol en Montjuic seguido de Zabaleta. Foto: Fuerzaperica.com

El secuestrador que se creía Jesukristo

>>Gorka Ellakuría

Al margen del carcelero de Ortega Lara, aquel que a la salida de la cárcel a modo salvador de la patria vasca (Jesukristo) ha repartido agradecimientos mientras se tocaba allí donde la mayoría tenemos el corazón, dos han sido las noticias del día. Una de ellas el Iphone 5, y la otra el descubrimiento de una nueva especie de mono, con la que convivíamos desde hace siglos pero de la que nadie antes se había dado cuenta de que estaban. Algo similar a lo que les pasa a los becarios en un diario.

Cuando he leído lo de los monos me ha venido a la memoria aquellos tiempos en lo que yo era un pequeño obseso del mundo animal. Un gran conocedor de especies y razas que mis padres no quisieron o no supieron explotar, y así, de una manera poco dramática pero trágica para el país, se pudo haber perdido un nuevo Darwin en versión española.

Los Lesula, que es el extraño nombre con el que han bautizado a estos monos, tienen cara de buena gente, de abuelos aburridos de jugar al domino durante horas y con ese “puntito” de después de haberse metido unos cuantos carajillos que mezclados con las pastillas para la tensión te pueden llevar al nirvana o a la tumba.

Viendo un diario por internet, en el que aparece casi juntas la cara del carcelero y la de estos nuevos monos , me pregunto si no tendrán razón esos tipos tan raros que se hacen llamar animalistas. ¿Será verdad aquello de que los animales son buenos, y somos nosotros el problema?. En ese caso sería más grave la actuación de Bolinaga, el carcelero que casi fue verdugo de Ortega Lara, que lo consideraba “perro”, o al menos así es como lo llamaba. Animalista ofendidos (por lo de perro) o no, estarán de acuerdo en que tiene gracia que este individuo aparezca con ínfulas de divino el día en que se descubren dos nuevos especies, una animal y otra telefónica. Ya pasó el tiempo en el que él y los suyos se podían creer dioses jugando con la vida de los otros. Ahora es el tiempo de los Iphone 5, tan largos como la cara de los Lesula, y de estos nuevos monos con caras alargadas como smartphones.

Lesula, una especie de simio que se ha descubierto recientemente

 

Gallardón ya no quiere ser progre

>Gorka Ellakuria

Aprovechando que estamos con el pie cambiado, en shock aún por los sucesivos recortes y con la angustia de encontrar trabajo, de no perderlo o de llegar a fin de mes, Gallardón va y anuncia una propuesta de revisión de la ley del aborto.

Como decía aquel anuncio maléfico de natillas, repetimos. Qué si no se podrá abortar cuando el feto tenga alguna lesión, como ahora. Qué se podrá abortar en el hipotético caso de que a la madre le pudiera  ocasionar un problema psíquico. Y así, volvemos al terreno de las decisiones arbitrarias. Donde los médicos tienen la condición de Dios, y en los que la Ley pasa a ser tan libremente interpretable como la Biblia.

Se trata de un movimiento de estratega, que seguramente no está dentro de sus máximas preocupaciones, pero que sin duda es un guiño a las bases más reaccionarias del Partido Popular. Esas a las que debes contentar de vez en cuando para poder escalar dentro del partido, y de paso intentar librarte del San Benito de ser considerado “el progre” del PP.

Las medidas que ha tomado Rajoy, en estos poco más de seis meses de mandato, no han gustado tampoco a muchos de los votantes populares y ya se empiezan a oír voces de un prematuro final de Mariano como presidente. Reactivar un debate caduco como el del aborto puede actuar como calmante del cabreo de algunos de los votantes del PP , que confiaron en el gallego y que le votaron creyendo aquello de que no iba a subir el IVA y de que sus medidas no afectarían a los “que menos tienen”. Pero además sitúa a Gallardón en la terna de posibles candidatos populares, ahora que al parecer se ha cansado de ser el “progre” de Génova.

Camarón es de otra época

>Gorka Ellakuría

Gana España, a lo grande, casi sin esfuerzo. Antes de que acabe la primera parte ya se oyen vecinos celebrar la victoria y una hora después la fiesta se traslada a la calle. Es el tercer título consecutivo en menos de cuatro años de una generación de futbolistas inigualable que han situado el palmarés de la selección en el lugar que por juego, y por jugadores, debería haber ocupado desde mucho antes.

Celebra que celebrarás, recuerdo el largo camino que los que como yo hemos confiando siempre en la selección, ésta que ahora los modernos llaman “la roja” . Madrugones para ver los partidos del mundial de USA a horas que nunca imaginé que existían, sentado bien cerca de la televisión junto a mi hermano, como hacíamos los niños de antes del plasma. Un sentimiento que nació entonces y que vincularía siempre con la derrota y el infortunio. El ritual de iniciación finalizó de forma trágica. Salinas falló lo que ya no fallamos nunca: un mano a mano ante el portero (Pagliuca) y Luis Enrique salió del campo con la nariz destrozada por un codazo de Tassoti, que sentimos tan brutal e increíble como las ostias que se repartían Son Goku y compañía. Aquella Italia, además, tenía un jugador de dibujos animados llamado Baggio (injustamente olvidado por los obsesos en crear listas de mejores jugadores y demás) que deseábamos que fuera de los nuestros y  al que veneramos en silencio, por miedo a que nos consideraran traidores o chaqueteros.

Ese era el inicio de  aquellos años en que soñamos con ser los más buenos y siempre nos íbamos antes de tiempo. Salió cruz tantas veces como lanzamos la moneda. Como esos países del norte de Europa, que en mal momento, decidieron diseñar su euro prescindiendo de un lado que pudiera diferenciarse como la cara.

Salió cruz en la Euro del 96, en los penaltis ante los ingleses del histriónico Seaman; también en el Mundial de Francia del 98, cuando “Zubi” tocó un centro de Nigeria y se metió el balón en su portería. Una derrota que nos peso como una losa y que nos impidió pasar el grupo de clasificación; Cruz también en la Eurocopa del 2000, cuando Raúl falló el penalti que nos habría puesto por delante de Francia en el partido de cuartos y que nos eliminó con un gol del francés de origen argentino David Trezeguet; Cruz cuando nos tocó el arbitro egipcio que cortó las alas (anuló por fuera el centro de gol de Joaquín, …) de un equipo que jugó como nunca y que fue eliminado injustamente en los penaltis; Fue cruz también la eliminación del grupo de la Euro 2004  en favor de esos dos países que junto a nosotros los más rancios se empeñan en denominar PIGS. Ni Portugal ni Grecia jugaron como nosotros, pero aún así no pasamos; luego vendría el mundial del 2006 y los octavos frente a la Francia de Ribery, aquel tipo con cara de malo que con su gol jubiló para la selección, a Raúl, el ídolo, el mirlo blanco que jamás logró que nuestra suerte cambiara. Si es pesado leer tanta desventura, peor fue vivirlo.

Luego llegó la segunda oportunidad (tras el mundial de 2006) de Luís Aragonés. Aquel viejo loco, hombre del pasado, de la España rural de la que somos herederos, con un proyecto de futuro en esa cabeza que parecía hueca. Le dio estilo a la selección y vio en Xavi y en Casillas a los nuevos lideres que España necesitaba. Ganamos y entendimos muchas cosas. Entendimos cual era el camino, en quien debíamos confiar y el porqué del mote de “el sabio de Hortaleza”.

Acostumbrados a tanto infortunio, resulta difícil celebrar algo que parece tan fácil. Algunos no estamos acostumbrados aún a tanta alegría, y casi nos sentíamos más a gusto en la derrota y la desventura de aquellos equipos quijotescos, de mandíbula prieta y de mala leche en la mirada, que con esta generación de chicos de buenos gestos y dientes de anuncio.Todo tiene un porqué y sin duda es parte del cambio de España, que aún y estando perdida y sin rumbo aparente, avanzó durante 30 años lo que ningún país ha progresado en tan corto plazo. Aquello también fue un record, una gesta de todos que ha permitido que los jóvenes deportista nacieran sin el complejo y el miedo de decir sin ruborizarse el país en el que habían nacido.

Hoy se cumplen 20 años de la muerte del gran Camarón, que cantaba las penas de esa España que parecía maldita y que no se decidía a volar. Hoy, con la resaca de la victoria, cuando pensamos en la selección, esos lamentos parecen exagerados, de otra época.

El opio del pueblo

>Gorka Ellakuría

Es habitual que algunos intelectuales, pseudo-intelectuales o aquellos deseosos de ser considerados personas cultas comulguen con una posición ideológica determinada para reforzar su imagen ante el resto (que antiguamente estos mismo denominaban “el vulgo”). A medida que pasa el  tiempo estas cantinelas van cambiando, pero no son difíciles de detectar para cualquiera que sea un poco “puta”(como decimos en Cataluña).

Aunque la idea haya sido creada por otro, los tipos de los que hablamos la acostumbran a emitir como si fuera de cosecha propia, nacida del genial raciocinio de uno, que por algo es una persona leída. La última moda es volver a pregonar que el fútbol es el opio del pueblo. Ya sea en una barra de bar, en una tertulia política de televisión, en twitter, o en la comida familiar de turno, alguno verá la oportunidad de quedar más inteligente, más sensato que el resto, y tirara de mensaje rancio y manido creyéndose culto y progre. Tanto esfuerzo para llegar a ser, a ojos del resto, lo que un día Butragueño dijo que era Florentino: Un ser superior.

Me pregunto por qué consideran opio al fútbol y no también a: la moda, la política, el cine, la familia, las tragaperras, la poesía, el alcohol, el sexo, la filosofía, los diarios, el trabajo, el propio opio y demás drogas, los coach, los hijos, los sueños, la religión, la bolsa, la televisión, la comida, los coches; los iphone, ipod, ipad y no sé cuantos más, los viajes, la literatura, el gimnasio, internet, el bricolaje, la ropa, las mascotas, y un largo etcétera que nos permiten olvidar, aunque a algunos les duela, que desde que nacemos tenemos activada una cuenta atrás(por decirlo finamente).

El colmo es recriminar a los felices seguidores de la selección española (o griega) que celebren las alegrías que les llegan de la Eurocopa. Algunos incluso parecen deseosos de reprocharnos tal falta de inconsciencia, a poder ser desde un púlpito, sin dejar de recordarnos lo mucho que deberíamos llorar y lamentar, porque no hay futuro para nosotros más allá del duro y nada remunerado trabajo. Demasiado feudal para el siglo XXI.

Como dijo Kurt Cobain: “Es mejor quemarse que apagarse lentamente”. Disfrutemos de lo que podamos.

#Gracias Sara

>Gorka Ellakuría

Desde el inicio de la Eurocopa se empezaron a suceder mensajes en Twitter mofándose de las intervenciones de la periodista Sara Carbonero, encargada de cubrir los partidos a pie de campo para Telecinco. La mayoría de estos tweets (#graciasara) ingeniosos, pero que por cantidad, ha convertido la broma inicial en un movimiento de ensañamiento cruel e irrespetuoso contra la joven periodista. Algunos compañeros de profesión como Ramón Trecet ya han salido en su defensa y ha dicho que estos mensajes son de un sexismo repugnante.  

Seamos justos. Es cierto que sus aportaciones a pie de campo no son brillantes, pero tampoco lo son la de muchos otros periodistas que cubren los partidos para televisión. Para informar de qué  jugadores están calentando o de las reacciones de los entrenadores no hace falta ser un aspirante al Pulitzer o un experto del fútbol.

De nuevo aparece la envidia de muchos frente al éxito de unos pocos. Algo, que por desgracia, es muy habitual en nuestro país. Dicen que está por su “cara bonita”. Y si es cierto, ¿qué importa? Todo el mundo está donde está por alguna razón. Porque vale, porque vende (como Sara Carbonero) o por enchufe, pero siempre hay alguna razón.

La libertad que nos concede la red no debería servir para lapidar públicamente la carrera de nadie, y menos la de una chica que sólo tiene 28 años y no hace tanto que empezó en esto del periodismo.