Derby vintage

El derby madrileño fue un extraño espejismo del fútbol de antaño. Cuando se consideraba carga legal a empujones capaces de descalabrar a un toro y las tarjetas amarillas eran el último recurso del colegiado cuando la agresividad rozaba la violencia. En mi memoria, los últimos 80 y primeros 90. Aunque seguramente aquella manera de jugar partía de los orígenes del fútbol (1872), deporte inglés, gestado en las mismas tierras donde antes nació el boxeo (1743) y el rugby (1871). 

Lo que algunos tildan de permisividad arbitral como algo negativo a otros nos causa un autentico gozo. Que el ritmo no pare. Las peleas dentro del área de Costa y Sergio Ramos, la dureza de Pepe y Godín, o el imperialista juego de Xavi Alonso. Todo tan bello. Incluso las tácticas lazarilleras de Pepe y Costa para engañar al arbitro son actos sublimes, sobre todo teniendo en cuenta que saben que hay cien cámaras dando fe de su treta.

El empate fue una victoria para ambos. Para el Madrid porque se mantiene arriba y se sabe el más fuerte. Los atléticos comprobaron que la fe en esa pseudo-religión denominada Cholismo les sirve al menos para empatar contra el equipo más fuerte de Europa,  que no es poca cosa. Aunque después de 14 años sigan sin ganar a los blancos en su casa. Pero ahora el Atlético vuelve a estar entre los grandes, y sus derrotas se producen en las alturas, como las de Di Caprio en los Oscars. Quedaron atrás los añitos en el infierno. Ni siquiera escuece ya el recuerdo inevitable que se viene al ver al Mono Burgos por los banquillos del Calderón. Ejerce ya de abuelo cenizo que se empeña en recordar lo mal que lo pasaron en el pasado, inofensivo al fin.

Lo tiene más crudo el Barça, que ni se encuentra (como el Madrid) ni va sobrado de autoestima (como el Atlético). Los blaugranas siguen perdidos buscando, entre pitidos, el santo grial del “jogo bonito”. Al pobre Martino ya nadie le escucha, por más que les recuerde que aquello que persiguen ya murió, que los tiempos han cambiado y que a los blaugranas sólo les queda reinventarse. 

 Publicado antes en El Cotidiano

 

Cholismo contra la crisis

Cholismo

Salió Simeone antes del partido de Liga frente al Barça y dijo aquello de que eran el equipo del pueblo. Lo que en otro entrenador de otro equipo hubiese sido populismo barato, fue un momento (casi) místico. Reafirmó entonces algo que muchos intuíamos y deseábamos secretamente. El Cholo renunció a ser el último de los grandes y optó por tirar del carro de los diecisiete equipos restantes. El de los pobres. Un grupo lleno de deudas, desahucios, dimisiones, ansiedades y alguna que otra depresión. En la línea de lo que está viviendo el país. La vida del Madrid y del Barça, en cambio, continua siendo como la de los Blesa y cia, en sus tiempos en los que se creían los Lobos de Wall Street españoles: vida chulesca, cínica y tremendamente ostentosa; pornográfica pura.

El filosofo alemán G.W.F. Hegel afirmó que: “Sin pasión nada grande se ha llevado a cabo ni podrá llevarse.” En esa frase está la clave del éxito de este Cholismo que va camino de convertirse en un autentico movimiento social. Un tremendo chute anímico en una época de Orfidal y Prozak .

Los medios afines a los dos grandes lo miran como un capricho de pobre y nos machacan con esa cenizada de que sin rotaciones el Atleti se quedará sin fuerzas para pelear la liga. El discurso parece haber calado en la gente, y se repite por infinidad de voceros de barra de bar. Lo dicen pero no desean que sea así. Se puede ver en sus caras. El Cholo nos ha recordado que no siempre ganan los mismos, y no hablo sólo de fútbol.

Costa, Villa, Arda, Miranda, Gabi, Raúl García, Godín... Frente a las estrellas de los dos grandes estos tipos parecen arapientos vaqueros de vuelta de todo. Son El Grupo Salvaje de la Liga. Sin nada que perder. El sueño sigue mientras permanezcan arriba, en la pelea. El partido a partido de toda la vida, que en este Atleti tiene poco de topicazo.Un día llegarán a México, como en la peli de Sam Peckinpah, y todo se habrá acabado. Pero por favor, entonces, no escuchen a los que digan que ya lo decían, ni olviden tampoco lo bonito que está siendo el camino. 

Gorka Ellakuría

*Publicado antes en El Cotidiano