Habitación con vistas

La habitación está mal decorada pero limpia. Joan Antoni descorre la cortina y la vuelve a correr. Con suerte su mujer no mirará las vistas y se ahorrará una nueva discusión. Lo cierto es que ella tenía razón, en aquellas fechas y en Santiago iba a ser difícil encontrar una habitación de hotel. Apenas la escuchó; sus  advertencias se habían convertido en rutinarias, habían perdido toda la fuerza que una advertencia requiere para que se considere como tal.

Unas semanas después llegó la gran bronca. No la voy a describir. Quizá les sirva recordar las discusiones entre sus padres o sus abuelos; mejor dicho, imagínense a ella abroncándole a él durante una larga media hora, por no mencionar los comentarios sobre el mismo tema que se cuelan en las siguientes conversaciones hasta dios sabe cuándo. La pareja se tuvo que conformar con aquella habitación a tres kilómetros de Santiago. Por si fuera poco, el hotel estaba junto a las vías del tren. Esto último me lo iba a guardar, pero ya que he empezado, lo cuento todo.

-Pues el baño no está nada mal, dijo ella al poco de llegar.

Entonces oyeron esa tremenda explosión. Miraron por la ventana y él le dijo que iría a la calle a ver qué había pasado; la mujer esperó en la habitación obedientemente. Joan Antoni bajó las escaleras a toda prisa- le parecieron más seguras que el ascensor, después de lo ocurrido- y a medida que se acercaba a la planta baja era más consciente que aquel tren descarrilado, que habían visto desde su habitación, estaría repleto de muertos.  Una vez fuera, y sin saber a dónde ir, se dejó llevar por los vecinos de la zona que, sin mediar palabra, lo cogieron del brazo y lo condujeron a las vías.

Al día siguiente estaban de vuelta en Girona o Barcelona -aunque parezca un narrador omnisciente hay cosas que se me escapan-. Algunos amigos y familiares se instalaron en su salón para que la pareja les explicara lo ocurrido. Habían visto a Joan Antoni sosteniendo a un herido en una fotografía que se publicó en muchos diarios. Él estaba en shock y se explicó de forma vaga, en apenas dos frases. Su mujer tampoco estaba para recibir invitados.

Pero lo cierto es que casi nada de esto pasó. Ni Joan Antoni estuvo allí, ni ayudó a los heridos, ni tuvo que aguantar la macabra curiosidad de sus conocidos. Lo que sí hizo fue dibujar una viñeta en la que se veía una vía retorcida junto a un toro de Osborne y un letrero que decía: Marca España.

Supongamos que lo que he contado hubiese ocurrido-y sé que es mucho suponer- el viñetista Joan Antoni hubiese seguido con sus ideales políticos, sus filias y sus fobias-como todos tenemos-, pero seguro que ni se le hubiese pasado por la cabeza esa indecente viñeta que salió en la web del Punt Avui (29 de julio) y que posteriormente tuvieron que retirar. Esa falta de humanidad se habría aplacado con un hecho traumático. Para solventar otros defectillos del dibujante (como su toque racista que demostró en su viñeta de unos días antes de la del tren y que ilustra el texto), para eso tendría que inventar otra historia, pero el calor aprieta y el personaje no merece tanta atención.

>>Gorka Ellakuría

Viñeta de Joan antoni Poch, publicada el 25 de julio de 2013 en el Punt Avui

Viñeta de Joan antoni Poch, publicada el 25 de julio de 2013 en el Punt Avui.