Una puta pataleta

Sentados en el sofá del salón, los padres le reconocen al niño que aquello de los reyes magos efectivamente es un invento, y que su compañera de clase no mentía. Es la primera decepción de todo niño- salvo que no haya vivido una vida acomodada ni sepa lo que son los Reyes Magos ni Papa Noel, que por otra parte, y por desgracia, es lo que le ocurre a la mayoría de los niños del mundo-. Desde ese momento, el crio de vida cómoda tiene dos formas de asumir las decepciones: Digerirlas o vomitarlas manchando con su decepción a los que le rodean. Es el primer mito caído, y si tienen algo de vista, se darán cuenta que la caída del héroe suele estar intrínsecamente ligada a todo persona de admirar.

Cuanto más alto sea el árbol más ruido hará al caer. El último gran ejemplar en tocar tierra ha sido Armstrong. El mito del chico que venció al cáncer y que superó las barreras de lo humano empezó a tambalearse cuando se le acusó de dopaje. Finalmente cayó el otro día, al reconocer su trampa-casi obligado por la justicia-  ante Oprah, esa versión americana y negra de nuestra Ana Rosa Quintana.

Fue infumable soportar a los que hablaban de Armstrong en su época dorada. Aguantar a los que lo tildaban de héroe, de mito, de personaje único y sobrehumano. El no ser del americano era casi un pecado, y se podía cortar el silencio después de que uno reconociera, cargado de unas copas de más, que su preferido era ese alemán fofo y juerguista llamado Ullrich.

Me sorprende que ahora, en el peor momento del tejano, me sienta como uno de sus mayores defensores, yo que nunca fui muy fan de ese tejano con rictus de chulo de barrio. ¿Dónde están todos aquellos que tanto lo idolatraron?

Leo lo siguiente en Twitter y no dejo de pensar en aquellos críos que no aprendieron nada de la revelación de los Reyes Magos: “La actitud de este drogata, este criminal, este camello, es claramente que lo esta haciendo pq le han pillado. Ni un momento de emoción”.(Ramón Trecet., @Trecet). Bilis por todas partes. Pataleta de un niño malcriado y utópico. Y como este ejemplo, mil. ¿Y que queda ahora,además de convertirse en en muñeco pim pam pum de los moralistas de boquilla? Armstrong es hoy más mito que nunca, porque ahora, al menos, es humano. >>Gorka Ellakuría @Gorkanov

lance armstrong

El hechizo gitano

Nunca antes había bailado. Los que me conocéis podéis dar fe de ello. Incluso alguno puede salir con que le robe a su chica mientras él bailaba. Eso ya no lo puedo negar. Sé que suena extraño que un tío que no baila aparezca dos días después con la misma ropa diciendo que vuelve de bailar, pero debéis creerme. No fui yo, fueron ellos. Yo sólo entré a por cocacolas en un pub inglés.

En realidad, hacía tiempo que aquel sitio había dejado de ser un pub inglés. Me di cuenta cuando ya estaba dentro. Las paredes estaban pintadas con unos dibujos a lo Mortadelo y Filemón, pero en cutre. En la entrada había una mesa larga-tipo banquete- con un grupo que parecía salido de una peli española de los 70. Se reían y conversaban hasta que me vieron entrar y ,todos, como si lo tuvieran ensayado, hicieron una gran mueca. Cada uno a su estilo, claro. Me acerqué a la barra y un albano kosovar con un chándal adidas de los que llevan los ultras ingleses me dijo que fuera a la barra de dentro que allí no servían nada. Sus palabras sonaron a amenaza de muerte, de esas que no se repiten una segunda vez. Crucé aquel local, la pista de baile y sus pantallazas planas con la cara de Paz Padilla dando la matraca hasta que llegué a la segunda barra. Aquello era distinto, dos borrachines de bar, que en fin de año aún parecen más melancólicos, me observaban esperando a que cometiera algún error de bebedor novel, para hacérmelo saber.

–Dos cocacolas para llevar, dije, y ambos se miraron como diciéndose: “menudo marica”.

El camarero me dio las dos latas y al levantar el brazo le vi una gran marca amarilla de sudor que recorría su costado. Me fui cagando leches odiando a mis colegas que les había dado por aquel esnobismo de beber el whisky sólo con hielos. Nosotros que aún somos tan jóvenes deberíamos seguir bebiendo con cola.

Al seguir mis pasos me encontré la sala de baile abarrotada. Pasé sin mirar pero una mano me cogió y me arrastró al centro de la pista. Aquella gente hablaba un idioma muy extraño y tenían cabras, niños que bailan como mayores y viejos con sonrisas infantiles, con puros, bastones y acordeones. Solo faltaba Kosturica, que si estaba, no lo vi. Me hablaban y yo sonreía como un imbécil. Les debía hacer gracia el chico que había ido a por cocacolas. Lo entiendo, a mí también me haría gracia. Me haría mucha gracia, y si llego a estar con amigos quizá también me hubiera reído de él durante dos días. Porque hoy que es el segundo día del año y no he dejado de bailar. La culpa fue de esos gitanos, lo juro. Sus ritmos y sus risas me debieron hechizar. No se qué han hecho conmigo, sólo recuerdo bailar, como si no existiera vida o muerte, imitando a ese crío que sentía la música como si hubiera vivido mucho más que yo. >>Gorka Ellakuría

Wygrzywalski, Feliks Michal (1875-1944) - Gipsy Woman Dancing, two men playing guitar